Para algunos, la positividad fue esencial para hacer frente a la crisis; muchos disfrutaron de la oportunidad de desacelerar y reevaluar, se sintieron agradecidos de tener todavía un trabajo o mantuvieron las cosas buenas en perspectiva (incluso logrando un balance entre educación virtual, trabajo remoto y mantener a la familia a salvo).

Por supuesto, mantenerse optimista y expresar gratitud no son prácticas adversas, pero este optimismo implacable, conocido como "positividad tóxica", describe las emociones negativas como un fracaso o una debilidad.

Además, hay pocas cosas más irritantes que encontrarse con un positivista tóxico cuando estás lidiando con la cruda realidad.

Y no reconocer las dificultades puede tener un efecto perjudicial en nuestra salud mental.

Los recordatorios persistentes para reflexionar sobre "lo bueno que tenemos" en medio de una situación difícil no hacen que la tristeza, el miedo o la ansiedad desaparezcan, muestra una investigación del William and Mary College, en Virginia, EE.UU., y la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.

En cambio, reprimir las emociones negativas puede hacernos sentir peor.

Hay otro enfoque mental que tiene un encuadre más realista.

El "optimismo trágico" propone que la vida tiene sentido y que hay esperanza, al tiempo que reconoce la existencia de pérdida, dolor y sufrimiento.

Definido por primera vez por el psicólogo austriaco y sobreviviente del Holocausto Viktor Franklen 1985, el optimismo trágico sostienen que hay espacio para experimentar tanto lo bueno como lo malo, y que podemos crecer a partir de ambos.

Los expertos sugieren que este tipo de filosofía puede ser exactamente la que tenemos que poner en práctica mientras dura la pandemia, y que puede ayudarnos también después.

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Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco, sobrevivió a varios campos de concentración nazis, incluido Auschwitz.

Encontrar sentido en medio del caos

El optimismo trágico, dice la periodista especializada en psicología y filosofía Emily Esfahani Smith, ofrece una perspectiva sobre la adversidad que ayuda a las personas a sobrellevar las crisis con más resiliencia y crecer como resultado de ellas.

"Reconoce las dificultades, el dolor y el sufrimiento de lo que está sucediendo y, al mismo tiempo, la capacidad de mantener la esperanza", explica.

Una piedra angular de la filosofía es la capacidad de encontrar sentido y propósitoen medio de desafíos y contratiempos.

"Mucha gente niega o ignora su sufrimiento, y muchas otras personas se sienten completamente abrumadas por él", agrega la escritora.

Ser trágicamente optimistas es un término equilibrado en el que, en lugar de aplastar nuestro espíritu, las dificultades y los desafíos, nos brindan un momento de aprendizaje.

Por ejemplo, replantear el estrés de dar un discurso público como un desafío, en lugar de una amenaza.

Las realidades de la pandemia pueden hacer que encontrar el lado positivo sea una tarea muy difícil, por eso reconocer la pérdida, el dolor y la culpa de nuestras situaciones es tan beneficioso.

La pandemia puede ser una época de aprendizaje, sin ignorar el dolor.

Al comienzo de los confinamientos en Reino Unido la primavera pasada, Jessica Mead, estudiante de doctorado en el Departamento de Psicología de la Universidad de Swansea, trató de medir los cambios en el bienestar entre los ciudadanos.

Naturalmente, los niveles de bienestar se desplomaron como resultado de la pandemia, pero Mead y sus colegas descubrieron que los participantes que mostraron un optimismo trágico enfrentaron de manera más efectiva el trauma de la pandemia.

Los participantes calificaron hasta qué punto estaban de acuerdo con declaraciones como "he aprendido a enfrentarme y adaptarme a lo que sea que me depare la vida" y "acepto lo que no se puede cambiar en mi vida".

Se comprobó que quienes se identificaron más fuertemente con las declaraciones mostraban un optimismo trágico.

Las personas que aceptaron que la vida viene con dificultades y estaban preparadas para ellas, se enfrentaron a los confinamientos de manera más eficaz que las que no lo hicieron.

Mead también descubrió que los optimistas trágicos buscaban cosas como sus relaciones con amigos y familiares para encontrar sentido a la vida.

Ella señala que encontrar sentido en tiempos difíciles es un proceso más profundo que una solución a corto plazo, como jugar videojuegos durante unas horas para desconectarse.

El optimismo trágico puede ser una buena manera de afrontar el trauma de la pandemia.

"Centrarse en el sentido vital puede llevar un poco más de tiempo para desarrollar esa relación con lo que sea que le dé significado a cada uno, pero será mucho más duradero", dice.