El domingo, los rebeldes hutíes de Yemen se apoderaron de un buque de carga vinculado con Israel en el Mar Rojo, tomando a sus 25 tripulantes como rehenes. Este incidente ha generado preocupaciones sobre la intensificación de las tensiones regionales a raíz del conflicto entre Israel y Hamás, expandiéndose a un nuevo frente marítimo.

Los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, justificaron el secuestro del barco debido a su conexión con Israel y advirtieron que continuarán atacando embarcaciones vinculadas con Israel en aguas internacionales. Por su parte, el gobierno de Israel catalogó este acto como un "acto terrorista iraní" y destacó la gravedad del incidente.

El barco, de bandera de Bahamas y operado por una compañía japonesa, no llevaba carga en el momento de la captura. La tripulación estaba compuesta por ciudadanos de Filipinas, Bulgaria, Rumanía, Ucrania y México. Japón condenó el secuestro y está trabajando para liberar a la tripulación a través de negociaciones con los rebeldes hutíes, además de colaborar con Israel, Arabia Saudita, Omán e Irán.

El propietario de la embarcación, Abraham Ungar, conocido como uno de los hombres más ricos en Israel, se reservó comentarios sobre el incidente. Además, se ha destacado que la navegación internacional implica una red de compañías gestoras, banderas y propietarios de todo el mundo para una sola embarcación.

Funcionarios de Defensa de Estados Unidos confirmaron que los rebeldes hutíes se incautaron el buque en el Mar Rojo descendiendo desde un helicóptero. Este método es similar al utilizado por Irán en otros secuestros de navíos, país que ha provisto de armas a los hutíes.

En el último mes, buques de la Armada estadounidense han interceptado misiles o drones lanzados desde Yemen que se cree tenían como objetivo a Israel o eran una amenaza para las embarcaciones estadounidenses. Este incidente plantea preocupaciones sobre la escalada de tensiones en la región y la seguridad en las rutas marítimas internacionales.