Libertad Lamarque nació en cuna de grandes: la ciudad de Rosario, la misma que el Che Guevara, que el Negro Fontanarrosa, que Fito Páez, que Lionel Messi.

Fue el 24 de noviembre de 1908.

Su padre era uruguayo y se llamaba Gaudencio. Su madre, española de La Coruña, se llamaba Josefa.

El amigo Gaudencio llevó a su pequeña hija para que despuntara el vicio con eso que tanto le gustaba a una compañía teatral anarquista, donde la niña sobresalió actuando y cantando.
Llegó una mudanza a Buenos Aires y con una recomendación llevaron a Libertad al Teatro Nacional. En ese tiempo la descubrió Francisco Canaro y sin más vueltas la incorporó a su orquesta. Esa joven cantaba como los dioses. 

Grabó algunos tangos como “Mocosita” y “El Ciruja”. 

En el 26 consiguió un papel en una obra llamada “La muchacha de Montmartre”. 
Debutó cantando en Radio Prieto y la compañía de discos Víctor le firmó un contrato.
Se casó y tuvo una hija. 
Todo eso le había pasado y ella apenas tenía 18 años.

Lo del casamiento, indudablemente, fue un apresuramiento. Emilio Romero, su marido, era apuntador teatral, pero no la trató demasiado bien y se distanciaron por esos maltratos. 
El infierno creció en calor, cuando el tal Romero no se conformó con haberla agredido, sino que le hizo la vida imposible con el divorcio y la tenencia de la hija. 
Tan profundo llegó el aguijón, que Libertad intentó suicidarse en Santiago de Chile en 1935.

Pero volvamos.
En el 29, participó de una obra de teatro que rompió todo: “El conventillo de la paloma”, que superó las mil representaciones. 
En un momento dado debió tomar la decisión de abandonar la obra porque necesitaba continuar con su carrera de cantante.
Consiguió un trío de guitarras como acompañante y salió de gira por todo el país, incluso llegando al Paraguay.
Su voz inigualable de soprano le trajo críticas de los puristas del tango, que esperaban una voz más arrabalera para subir a ese altar.
Sin embargo, Libertad Lamarque fue un eximio exponente del género.

La primera película sonora de nuestro país se llamó “Tango” y se estrenó en 1933. Allí actuó Libertad junto a Tita Merello, Azucena Maizani, Luis Sandrini, Pepe Arias y Mercedes Simone. Su personaje se llamó Elena.

LIBERTAD LAMARQUE A MEDIA LUZ TANGO

Luego de ese hito, la revista Sintonía la eligió como “la reina del tango”.

Su tortura personal con el tal Romero un día terminó y Libertad se casó por segunda vez. Fue con el pianista Alfredo Malerba. El compuso uno de sus grandes éxitos: “Besos brujos”.

Su carrera en el cine nacional fue notable. Participó en más de 20 producciones. Algunos ejemplos: El alma del bandoneón, Besos Brujos, Una vez en la vida, Eclipse de sol y La cabalgata del circo. Allí, en esa película, ocurrió una situación que traspasó la pantalla y las épocas. 

Libertad era ya una gran figura y Eva Duarte era una actriz ascendente, pero sin grandes aplausos. Como ya se sabía de su relación con el Coronel Perón, parece que Eva se tomaba sus tiempos para hacerse presente en el set de filmación y Libertad, que tenía su carácter, se lo hizo saber. 
Hay varias versiones. 

Una versión señala que la producción decidió acomodar los tiempos al calendario de Eva, que no sólo era la recomendada, sino que ahora la protegida. 
Una tarde, Libertad esperaba en su camarín ya vestida y encorsetada, muerta de hambre, pero sin atreverse a comer por si la nueva diva llegaba. Por fin, hacia las cuatro de la tarde, Eva llegó en un resplandeciente automóvil negro del Ministerio de Guerra.
Se dice que Libertad atravesó la carpa de circo que usaban como decorado para la grabación y recibió a la blonda actriz con una bofetada que dejó a todos en silencio. 

Otra versión sostiene que el cachetazo se produjo durante un ensayo en el que Eva no daba pie con bola y Libertad harta de repetir escenas la zamarreó y le dio vuelta la cara de un bife.

Y también está la versión de la propia Libertad, que siempre negó la agresión.

LATINOAMÉRICA

Libertad Lamarque se fue de gira por Latinoamérica y cuando volvió en el 47 por la muerte de su padre, Eva Duarte era ya la primera dama del país y le dieron la noticia: le habían puesto la tapa. Estaba proscripta. 

Se exilió en México y allí su estrella tomó aún más brillo.
Filmó más de 40 películas en tierras aztecas y fue llamada “la novia de América”. Alcanzó fama internacional. Alguna vez irónicamente se lo agradeció a Evita.

Editó discos en Cuba, España, Estados Unidos y varios en México.
En el 55, el año de la caída de Perón, Libertad Lamarque volvió a la Argentina.
Y participó de otro gran éxito “Hello Dolly”, en el teatro Odeón, obra producida por Don Luis Sandrini y Daniel Tinayre.

Libertad Lamarque, la novia de América

Su carrera nunca tuvo depresiones, siguió actuando casi hasta su muerte. Fueron casi 70 años de pisar escenarios.
En el 72 protagonizó la película “La sonrisa de mamá” junto a Palito Ortega.
De allí es una canción que se usa aún para los saludos del día de la madre.

Libertad fue distinguida como personalidad emérita de la cultura argentina. 
A los 90 años se dio el gusto de grabar algunas canciones para aumentar su legado.
El último trabajo fue en la novela “Carita de Ángel” donde interpretaba a una monja. 

Libertad Lamarque, que vivía en su hermosa casa de Miami y trabajaba en tierras de Pancho Villa, murió en un hospital de la ciudad de México a los 92 años, de neumonía, el 12 de diciembre de 2000.

"Siento que ya no puedo hacer cosas mejor de las que he hecho. Me he hecho aplaudir y querer por tanta gente que francamente no voy a estar pidiendo nada. Le estoy muy agradecida a Dios", confesó poco antes del final. 

Un final con todos los aplausos.