Después de una soporífera espera de unas dos horas, Suzuka entregó un atractivo aunque breve espectáculo con la pista secándose. Max Verstappen volvió a demostrar que en lluvia es un piloto colosal y le sacó casi ocho décimas de segundo por vuelta a un Leclerc al que otra vez se le derritieron los neumáticos.