Seguramente hay 830 mil mensajes distintos en cada uno de los votos que sacó Mauricio Macri. El gran desafío para los políticos y los analistas es descifrar cuales son las principales demandas sociales que revelaron las urnas. Y, sobre todo, cuales fueron las motivaciones centrales que generaron un resultado tan contundente. Algo así como preguntarle a cada uno porque votó a Macri.

Del lado del kirchnerismo más dogmático la respuesta está cantada: los porteños en su mayoría son gente de derecha, conservadora, reaccionaria, gorila que no comprende ni merece a una presidenta revolucionaria como Cristina Fernández de Kirchner. En dos palabras: nosotros los kirchneristas no cometimos ningún error. Somos perfectos y los que se equivocaron son los 830 mil votantes. Ese infantilismo negador que pone siempre las culpas afuera es el principal enemigo de Cristina y el principal aliado de Mauricio Macri.
 
Ese pensamiento que está en el ADN de casi todos los periodistas oficialistas fue expresado con mayor crudeza por Aníbal Fernández. Los porteños son huecos y son tontos, además, porque se dejan manipular por Clarín, La Nación y Perfil y por eso votan a alguien tan hueco y tan defensor de las corporaciones como ellos. A esta altura, si se me permite la ironía, creo que Aníbal Fernández fue el mejor jefe de campaña de Macri. Todo el tiempo hizo justamente lo contrario de lo que tenía que hacer alguien que defiende la camiseta de Daniel Filmus y del oficialismo cristinista.

Ese discurso de que los porteños son fachos y por eso no nos votan encubre la urgente autocrítica que tienen que hacer en las filas del Frente para la Victoria. Con mucho sentido común y valentía (porque no decirlo) lo expresó Gabriela Cerruti cuando dijo: “hay gente que está esperando que le expliquemos porque vemos una realidad que ellos no ven”. Julio Piumatto también se animó a preguntarse sobre la mala praxis de los encuestadores y sobre si trabajan gratis o cobran.

Es que algunos han hecho papelones recurrentes que empujan a los dirigentes políticos a tomar decisiones equivocadas porque les acercan diagnósticos mentirosos. No hace falta ser un genio ni encuestar a 2.000 personas para darse cuenta que la inseguridad es la principal preocupación de los ciudadanos. Tal vez hubieran mejorado su actuación electoral si no ninguneaban el tema o lo sobreactuaban tardíamente con los gendarmes y los prefectos en el sur como hicieron en la última semana. Si escucharan lo que les vienen advirtiendo los periodistas independientes respecto de que hay un gigantesco rechazo social al discurso agresivo, injurioso e intolerante tal vez hubieran bajado el tono y corregido a tiempo. Pero ocurre todo lo contrario. Si los encuestadores les dicen que van ganando como en Malvinas o los periodistas a sueldo del gobierno los incitan a que sigan pegando no hacen otra cosa que ayudarlos a que se sigan hundiendo.
 
La primera condición para hacer política es averiguar que piensa la sociedad. Cuales son sus preocupaciones, sus reclamos, sus angustias, sus alegrías. Es tanto el triunfalismo del gobierno nacional que no saben no quieren o no pueden ver en que lugar está parada la ciudadanía. Por eso se enojan con el votante y con los medios. Ambos son mensajeros de algo que pasa de verdad en la comunidad. A Macri le conviene que Aníbal Fernández siga creyendo que los vecinos de Lugano, Mataderos, Villa Soldatti, Parque Patricios y La Boca son derechistas y gorilas.
 
Es un absurdo y un autoengaño increíble. ¿Cómo se explica entonces que esos porteños hayan votado en su momento a Anibal Ibarra que no tiene nada que ver con la derecha y ahora es aliado de Cristina? ¿Cómo es posible que esos barrios populares de mayoría laburante hayan apoyado siempre al peronismo? ¿Se hicieron gorilas de golpe? ¿No cometió ningún error el gobierno? ¿No sienten que algo tienen que corregir? Macri ni siquiera hizo un gobierno espectacular. Su gestión, fue apenas correcta. No es un gran orador en las tribunas y aumentó los impuestos pese a que había prometido lo contrario.

Cometió muchísimos errores en su administración y sin embargo recibió un respaldo histórico en las urnas. ¿No será que mucha gente sencilla, sensata, honrada y sin militancia creyó que Macri, sin ser un ángel, era un buen instrumento para ponerle límites al autoritarismo prepotente? Pregunto nomás.