Fue bastante claro lo que pasó ayer en Río de Janeiro. Quedaron en evidencia dos actitudes frente a la vida. La inmensa generosidad del Papa Francisco y el oportunismo especulativo de Cristina Fernández. Le aseguro que a mucha gente le dio vergüenza ajena, la utilización electoralista que hizo la presidenta del sumo pontífice. Agazapada, como preparando una emboscada, tuvo todo el tiempo a su lado a Martín Insaurralde, pegado como un hermano siamés con el único objetivo de arrancarle una foto.
 
¿Se da cuenta de lo que estamos hablando? ¿Hasta que límites es capaz de llegar la presidenta con su fría máquina de calcular votos? ¿Qué justificaba la presencia de Insaurralde en ese lugar? ¿Es el canciller? No. ¿Es el secretario de culto? No. ¿Es un genio de la ciencia argentina que acaba de descubrir el remedio contra todos los males? No. ¿Es un viejo amigo y compañero de reflexiones del Jorge Bergoglio? No. Solo es el candidato elegido por Cristina para que defienda su camiseta en las elecciones. Tiene varios problemas Martín Insaurralde. El mas grave es que no es demasiado conocido. Pero la presidenta se lo resuelve en dos segundos. Primero lo hace participar de actos de gobierno en los que esta prohibido hacer campaña electoral. Pero la ley no suele ser una regla que la presidenta respete demasiado.

Y segundo se lo lleva a ver al Papa y, al límite del ridículo, fuerza una situación para lograr la foto tan ansiada y que Martín pueda decir: “le pedí que rece por todos los bonaerenses”. Fue triste la manera artera con la que malversaron una situación ecuménica, festiva, religiosa para convertirla en un acto de campaña de vuelo bajo. El Papa Francisco que fue castigado por Néstor, Cristina y sus seguidores a mas no poder, se coloca por encima de esas agresiones, pone la otra mejilla, exhibe su grandeza y su capacidad de diálogo y perdón y le regala a la “abuela joven”, como la llamó hasta con galantería, un par de zapatitos y medias blancas para su nieto Néstor Ivan. Un gesto luminoso que lo muestra vacío de rencores y sin ánimo de revancha.

Porque quiero recordar que el abuelo de ese bebe, hostigó a Bergoglio al límite de acusarlo de ser jefe de la oposición, o al borde de la herejía cuando dijo que el diablo también podía usar sotana o cuando se llevaron el Tedeum de la Catedral solo porque el cura decía las mismas cosas que dice ahora contra los ladrones y contra la pobreza. Hubo fanáticos kirchneristas que lo acusaron poco menos que de ser un genocida y un entregador de militantes cuando quedó probado que ayudó en todo lo que puso a los perseguidos por la dictadura. Pese a todo eso, el Papa Francisco abre su corazón y sus manos y se entrega casi en forma inocente. ¿Y que recibe? Una zancadilla, una foto buscada como un ejercicio de marketing. Pasaron cosas trascendentes para la iglesia y para la humanidad estos días en Brasil. Estamos asistiendo a una revolución encabezada por un argentino. Y nuestra presidenta solo piensa en el chiquitaje de una urna y su ambición de mantenerse en el poder cueste lo que cueste.
 
Se nota que no escucha el mensaje profundo del Papa. La justificación para llevar pegado a Insaurralde fue que había padecido cáncer y se curó gracias a Dios y la Virgen. Y este también es un golpe bajo. Igual que el aprovechamiento proselitista del luto. Son situaciones personales que no deberían colocarse en la balanza de los comicios. En una elección se eligen ideas y hombres para ejecutarlas. No es bueno apelar a los golpes bajos para conseguir votos.

O en todo caso, el que apela a esos artilugios, demuestra esa impronta especuladora que no lo abandona nunca en la vida. Todo es dinero y todo es poder parece decir Cristina con sus gestos. Nada es dinero y nada es poder, responde el Papa con su despojo, su humildad y su alma tan limpia como sus manos. La presidenta exhibió con alegría el regalo del Papa para su nieto, pero su candidato protagonizó un triste papel garroneando una foto que hoy está publicada en todos los medios adictos al gobierno.

Para decirlo en el lenguaje coloquial y de barrio de Bergoglio, fue indignante ver a un colado en la foto de los presidentes y el Papa. Son dos formas de luchar por el futuro. El Papa es una bendición para la humanidad que quiere un mundo más justo, solidario y fraterno. Las actitudes oportunistas ensucian todo lo que tocan. Pero el Papa no se mancha.