El ex presidente Fernando De la Rúa negó este martes que hayan existido los sobornos en el Senado en abril de 2000 para aprobar la Ley de Reforma laboral y defendió su gestión, al declarar en el juicio que se sigue por el emblemático caso de corrupción durante el Gobierno de la Alianza.

"Vengo a ejercer la defensa para esclarecer y demostrar mi inocencia y la inexistencia del hecho", dijo De la Rúa ante el Tribunal Oral Federal Nº 3, ante quien tildó de "absurda la acusación", impulsada por el "arrepentido" ex secretario parlamentario Mario Pontaquarto.

"Yo no iba a comprometer mi honor para sacar una ley como esta que era importante pero no existencial", remarcó el ex mandatario, que se sentó en el banquillo de los acusados y dijo tener 74 años, ser ex presidente, de profesión abogado y actualmente casado.

En el arranque de su declaración en Comodoro Py, De la Rúa justificó que los votos de los senadores del PJ supuestamente sobornados no eran del todo necesarios para aprobar la polémica ley en el 2000 y aseguró que sobraban para ello una docena de pronunciamientos a favor de la iniciativa para bajar los costos laborales.

"Vengo a defenderme, a mi familia, y soy consciente que defiendo la institución presidencial", remarcó De la Rúa, quien continuamente manipulaba unas hojas que aparentaban ser una ayuda memoria de su exposición y dirigía su mirada a los jueces del
Tribunal.

De la Rúa sostuvo que sufrió "padecimientos" en la causa: "Sometido a moda de procesarme o indagarme para la luz de las cámaras de televisión", denunció.

"Surgen groseras mentiras, contradicciones, y es una prueba superficial", indicó en su pausado relato, que fue seguido atentamente en una concurrida sala, en la que se encontraban diversas figuras, entre ellas el escritor Jorge Asís y el cineasta Enrique Piñeyro.

De todos modos, la primer parte de su declaración fue para defender la gestión de la Alianza, al asegurar que se formó "un equipo de Gobierno con los mejores hombres" aunque confesó: "No he podido aclarar lo que me propuse".

"El país atravesaba una recesión cuando asumí el Gobierno", dijo De la Rúa, quien también recordó que había una "altísima deuda externa y generaba compromisos", habló de cambios en las autoridades del FMI y denunció que partir de ello "apretaron más
la clavija", por lo que el organismo "hizo mucho mal" a la Argentina.

"Entonces me pasaron cuentas a mí por cosas de años precedentes", agregó sobre el FMI, aunque negó que el organismo le haya exigido a su Gobierno la aprobación de la ley de reforma laboral.

"Teníamos deuda alta y soja baja, otra hubiese sido la historia si la soja tenía los precios de ahora", agregó, al tiempo que justificó la imposición del corralito bancario: "Era una medida inevitable para evitar que la crisis se profundice", aseguró, aunque dijo que el escenario culminó con un "golpe institucional" a su Gobierno a fines de 2001.