La carrera de los futbolistas es muy peculiar. A los 30, cuando la mayoría de los trabajadores empieza a afianzarse en el campo laboral al que se dedique, ellos entran en la etapa de ocaso de sus carreras. Aunque, no todos.

Hay casos sorprendentes que logran explotar más grandes, pero pocos ascensos tan meteóricos como el de Junior Messias, que hasta los 24 años era amateur y hasta el año pasado nunca había jugado en Primer División. Hoy, sorpresivamente, a los 30 es una de las figuras del Milan y del fútbol italiano.

El volante creativo brasileño hizo inferiores en el Cruzeiro, en su país. Su vida en allí no era la ideal: su realidad económica era difícil. su entorno no colaboraba y hasta llegó a tener problemas con el alcohol. Inclusive casi pierde la vida en un accidente automovilístico como consecuencia de la bebida. Por eso, ante ese panorama tan negro, a los 20 años decidió emigrar a Italia, país donde vivía su hermano, en busca de una vida diferente. Allí creyó que abandonaba completamente el futbol, dado que comenzó a dedicarse prácticamente a lo que sea para sobrevivir.

Su padre le había enseñado varios oficios, por lo que trabajó de albañil, de electricista o de lo que fuese necesario, hasta que consiguió un empleo de repartidor de electrodomésticos en el que pudo asentarse. Pasado su tiempo de desilusión con la pelota, volvió a jugar con amigos de forma amateur.

Claramente tenía condiciones, y algunos equipos muy menores empezaron a tratar de tentarlo para probarlo, simplemente por el talento que percibían en los partidos que el jugaba de manera informal. Pero siempre había una traba: no le ofrecían un sueldo fijo. Él decidió priorizar el bienestar de su familia y continuó con su trabajo de repartidor.

Hasta que, en el 2015, le llegó una oportunidad impensada. En uno de esos partidos amateur con amigos latinoamericanos que vivían en el Viejo Continente, lo vio el ex defensor del Torino Ezio Rossi y lo recomendó en el Eccellenza de la quinta división italiana. De ese club le ofrecieron un contraro. No era mucho, pero le aseguraban un sueldo de 1500 euros mensuales, que le permitía mantener a su familia y concentrarse en el fútbol.

El brasileño aprovechó su chance y la rompió toda. En su primera temporada profesional hizo 21 goles en 32 partidos y consiguió hace ascender a su equipo. Luego de ese campeonato, pasó a jugar en el Chieri, en la Serie D, es decir, la cuarta división

Volvió a tener otro excelente año, con menos incidencia en la red, pero con gran rendimiento. 14 goles en 33 partidos y un rendimiento que llamó la atención de un equipo dos categorías superior, con una historia un poco más grande.

Fue llamado por el Crotone, y recién a los 28 consiguió llegar a jugar en la Serie B. Ese año volvió a destacarse, aunque claramente ya no con los mismos números. Convirtió seis goles, dio seis asistencias y consiguió llevar al club de la región de Calabria a la primera división.

Con 29 años, el oriundo de Belo Horizonte cumplió el inmenso sueño de llegar a la primera división del fútbol italiano, una de las ligas más importantes del fútbol. En cinco años su ascenso fue muy vertiginoso. Pero quedaba un paso más, quizás el más glorioso.

Sus nueve goles en 36 partidos en la máxima categoría le valieron las miradas de equipos más importantes. Tan solo seis años después de ser un absoluto amateur que jugaba con amigos, llegó nada menos que al Milan.

Las lesiones le impidieron jugar de entrada, pero la última parte del año ha sido soñada para el ex repartidor de electrodomésticos y albañil. Se afianzó como titular y pieza importante del equipo. Jugó junto a Zlatan Ibrahimovic y tras la lesión del sueco, acompañó en el ataque a un campeón del mundo como Olivier Giroud.

Además, se dio el lujo de convertir el primer gol de su carrera en Champions League, nada menos que ante el Atlético Madrid y para ganar 1 a 0. La vida de Junior Messias se transformó en el sueño de cualquiera, en un momento sumamente inesperado. Como si todo eso fuera poco, su equipo se ubica en la segunda colocación, por lo que aún puede soñar con un título de Serie A.