Leo en El Señor de los Anillos: "Muchos de los que viven merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos". No lo han tenido en cuenta, parece, las autoridades de China, Irán, Pakistán, Arabia Saudita y los Estados Unidos, obstinadas en aplicar la pena de muerte. Esos países, aunque China mantenga sus estadísticas bajo siete candados, han contribuido al aumento de las ejecuciones en 2015. Han sido al menos 1.634 personas en el mundo, según el informe global de Amnistía Internacional.
Las cifras, por sí mismas pavorosas, reflejan un incremento de las ejecuciones del 54 por ciento respecto de 2014 (1.061 personas en 22 países) y, a su vez, un récord en los últimos 25 años. En 2015, 25 países (uno de cada diez del mundo, digamos) realizaron ejecuciones. Si bien ese guarismo es menor al de hace dos décadas (en 1996, 39 países realizaron ejecuciones), el aumento de los países abolicionistas a casi las dos terceras partes del total no ha alcanzado a atenuar el impacto de las ejecuciones. Los últimos en abolir esas malas prácticas han sido Fiyi, Madagascar, la República del Congo y Surinam.
El 90 por ciento de las ejecuciones comprobadas en 2015 se llevó a cabo en Irán, Pakistán y Arabia Saudita. Setenta y una personas que habían sido condenadas a muerte fueron exoneradas en seis países: China (1), Egipto (1), Estados Unidos (6), Nigeria (41), Pakistán (al menos 21) y Taiwán (1). Más allá de eso, repone Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina, “la pena de muerte es hoy una realidad en muchos países. Hay una falsa creencia de ciertos países en pensar que la pena capital genera más seguridad. Eso es una falacia que sólo avala matanzas inútiles”.
A comienzos de 2016 había al menos 20.292 personas condenadas a muerte en un mundo cuyos métodos de ejecución continúan siendo la decapitación, el ahorcamiento, la inyección letal y el arma de fuego. Nueve de los ejecutados en 2015, cuatro de Irán y cinco de Pakistán, eran menores de 18 años de edad cuando cometieron los delitos por los que merecieron la pena de muerte.
En muchos casos, los procedimientos judiciales distaron de cumplir con las normas internacionales sobre juicios justos. Algunas de las causas, inclusive, resultaron ser un insulto a la inteligencia: narcotráfico (12 países de Asia y Medio Oriente), adulterio (Arabia Saudita y Maldivas), estafas (China, Corea del Norte y Vietnam), apostasía (Arabia Saudita) e “insultar al profeta del islam” (Irán). Sigo leyendo el libro de J.R.R Tolkien: “Que las estrellas brillen para ti hasta el final del camino”. Del camino nadie conoce el final ni el fin.
 
Jorge Elías
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