Joseph Blatter asumió la presidencia de la FIFA el 8 de junio de 1998. Mucho número ocho había en esa fecha. También lo hubo en la de su renuncia, el 2 de junio (ergo: 2/6 o 2 + 6 = 8). El popular “Sepp” o, como llegó a apodarlo un periódico de su Suiza natal, “El Padrino, Don Blatterone”, resultó ser el octavo presidente del organismo que crearon en París, el 21 de mayo de 1904, los representantes de las federaciones de Bélgica, Dinamarca, España, Francia, los Países Bajos, Suecia y Suiza, convertido ahora en una fenomenal maquinaria mafiosa de cuello blanco, como bien lo ha descripto el periodista John Carlin en el diario español El País.
En 111 años, la FIFA tuvo apenas ocho presidentes. ¿Será el ocho un número de suerte o de desgracia? En una subasta de números de teléfono, la compañía china Sichuan Airlines pagó 300.000 dólares por el 8888-8888; su número de atención al cliente es el más caro del mundo. En Hangzhou, también China, un individuo desembolsó 130.000 dólares por la chapa patente de su coche número A-8888. En la capital, Pekín, un muchacho esperó durante tres días en el centro de registro de vehículos para obtener una chapa patente con el preciado número ocho. Lo molieron a palos cuatro sicarios contratados por un tal Xu para quitarle su turno. Tras la denuncia, recibió una indemnización de 8.000 dólares y la chapa patente que había solicitado.
La creencia de los chinos en el número ocho, sinónimo de prosperidad y fortuna, llevó a sus autoridades a redondear en ocho la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos: el día ocho del mes ocho (agosto) del año ocho (2008), a las ocho de la noche, 2.008 estudiantes de artes marciales interpretaron con precisión milimétrica meneos de raíz milenaria. No sólo primó el azar, sino, también, el simbolismo: el entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, saludó de lejos al presidente Hu Jintao, sentado (¿ocho?) escalones arriba en el estadio Nido de Pájaro.
Si en China da suerte el ocho, en Bulgaria parece que es fatal. La policía cursó un insólito pedido a la compañía de teléfonos Mobitel: que retirara de circulación el número 0888 888 888. Sus tres propietarios fallecieron en situaciones inesperadas. Vladimir Grashnov, ex gerente de Mobitel, murió a los 48 años de edad de un cáncer en 2001, pero se rumoreó que pudo haber sido envenenado por un rival de negocios. Su nuevo propietario, Dimitrov Konstantin, jefe de la mafia, fue asesinado en un viaje a Holanda en 2003; tenía 31 años de edad. Al siguiente, Konstantin Dishliev, dueño de una inmobiliaria, lo mataron a tiros en un restaurante de Sofía en 2011.
La Biblia menciona ochenta veces el número ocho. Cristo resucitó “el primer día de la semana”, que necesariamente fue el octavo porque el séptimo vino a ser el de la conclusión o el descanso. El ocho es el número de la “resurrección” y la “regeneración”, símbolo del comienzo de una nueva era u orden. Quizá sea un buen augurio para la denostada FIFA tras la renuncia de su octavo presidente, envuelto en un escándalo de corrupción. En el Octavo Salón Internacional del Lujo, montado en Verona, Italia, presentaron un ataúd de oro valuado en 381.000 dólares. Está equipado con un teléfono móvil por si el difunto es enterrado vivo. Supongo que también termina en ocho.
 
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