Pocas veces se logró mantener un secreto tan bien guardado. Pocas veces hubo tanta expectativa e incertidumbre sobre si un dirigente político iba a participar o no de las elecciones parlamentarias. Estoy hablando de Sergio Massa, el intendente de Tigre que, según la mitad de mis fuentes consultadas, va a ser candidato a diputado y según la otra mitad, no se va a presentar.
 
Así como le digo. El misterio es muy grande. Hasta ahora lo único que se sabe en forma concreta es que va a inscribir su agrupación llamada por ahora, Frente Renovador. Muchos dicen que si no fuera a jugar en los comicios no tendría razón de ser anotar la lista. Otros aseguran que se trata de un soporte por si alguno de los intendentes que lo acompañan o su propia esposa, Malena, resuelven dar un paso al frente. Es difícil arriesgar una opinión.

Por eso le cuento que tengo tantos elementos para afirmar una cosa como la otra. Sergio Massa, hasta ahora escondió con mucha eficiencia y marketing las cartas ganadoras que tiene en sus manos. Es que se va a jugar un truco decisivo. No se trata de cualquier elección de medio tiempo. No es simplemente una rutinaria renovación parlamentaria. La posibilidad de que Cristina Fernández intente reformar la Constitución para una nueva reelección depende de estos resultados.

Del país en general y de la provincia de Buenos Aires en particular. Se está jugando la solidez o la fragilidad del proyecto cristinista hasta el final de su mandato en el 2015 y también la herencia de ese proyecto que superó todos los records de ejercicio del poder. Nadie logró colocarle su apellido al peronismo en el gobierno durante 12 años. Ni el mismísimo Perón ni Carlos Menem lo lograron. Solo los Kirchner. Eso es histórico. En cuatro de los cinco grandes distritos el oficialismo nacional tiene problemas por falta de buenos candidatos y probablemente va a ser derrotado en Córdoba, Capital, Santa Fe y Mendoza.

La gran incógnita a despejar en que va a pasar en la gigantesca provincia de Buenos Aires que expresa casi el 40 % del padrón nacional. ¿Quién defenderá los colores del cristinismo? ¿Alicia Kirchner, Julián Domínguez, Florencio Randazzo o la propia presidenta en una candidatura audaz y testimonial? No se sabe todavía. ¿Quién va a polarizar contra ese candidato? ¿Quién va a representar el masivo voto castigo? Hasta ahora los que más posibilidades tienen en las encuestas son Francisco de Narváez desde el peronismo, aliado a la centro derecha y Margarita Stolbizer con Ricardo Alfonsín, desde la centroizquierda socialdemócrata. Y subrayo el “hasta ahora” porque si Sergio Massa anuncia su candidatura, hay que decir que tiene 33 de mano.
 
Que cambia todo el juego electoral. El intendente de Tigre, según casi todas las encuestas, tiene una altísima intención de voto y ganaría los comicios hasta con cierta comodidad. Eso afectaría a todos los restantes jugadores. A Cristina por que Massa se convertiría de inmediato en el nuevo referente y candidato presidencial del peronismo. A Scioli porque lo desplazaría de ese lugar al que también aspira el gobernador, según el mismo lo anunció. A De Narváez porque le quitaría su potencia de único opositor peronista y al resto de los candidatos. Siempre hay que aclarar que la única encuesta que vale es la de las urnas el domingo a la noche. Pero es llamativa la coincidencia de que Massa ganaría si se decidiera a gritar quiero vale cuatro. No es un cuatro de copas en este juego del poder. Reuteman lo definió como “el ancho de espadas”, el que corta el bacalao. Ojo que no estoy hablando de valores, ni de coincidencias y ni siquiera de ideología.

Estoy describiendo lo que dicen las encuestas. Massa tiene la carta ganadora y faltan pocos días para saber si la jugara. Mientras tanto tiene en ascuas al resto de los competidores. Muchos incluso, ya están enojados porque estiró demasiado los tiempos. Hay intendentes que quieren jugar contra Cristina y que si Massa no lo hace, tal vez se pasen al equipo del Colorado de Narváez. Están casi obligados a hacerlo en defensa propia. Si no participan y se polariza el electorado, pueden llegar a perder por ambos lados. Será el ancho de espada. Pero el truco es un juego de engaños y simulaciones. Muchas veces uno se guarda la carta matadora para el final pero pierde la primera y la segunda. Hay que saber cuando poner el macho sobre la mesa. ¿Massa lo sabrá? Gritará falta envido y truco o jugará callado. ¿Quién se quedará con los porotos?