Julio Cleto Cobos volvió a los títulos de los diarios por dos motivos. Porque anunció que será candidato a diputado por el radicalismo mendocino y también, porque muchos compararon al ex vicepresidente con el actual vice gobernador bonaerense Gabriel Mariotto. Justo hoy se cumplen 4 años de aquel momento histórico del voto no positivo.

Fue una madrugada de una tensión tremenda, con el país en vilo. Terminó con una paliza política del kirchnerismo tanto en la calle por las masivas movilizaciones del campo como en el plano legislativo que frenó la resolución 125. Si se hubiera aprobado, los niveles de retención de hoy serían cercanos al 80%. Un verdadero disparate confiscatorio e irracional que Cobos evitó. Desde ese momento el vicepresidente fue estigmatizado por el kirchnerismo. Hubo pintadas que hasta amenazaron con matarlo.
 
“Cobos traidor, a vos te va a pasar, lo que le pasó a Vandor”, decían las paredes. Augusto Timoteo Vandor fue un dirigente sindical asesinado por un grupo comando. Lo recuerdo para los más jóvenes. Cristina nunca mas le dirigió la palabra a Cobos y a partir de ese momento lo consideró uno de sus principales enemigos. Fue el estallido de una política de alianzas con un sector del radicalismo y de otros partidos que Néstor Kirchner había llamado “concertación plural”. El caso de Mariotto es totalmente distinto desde el origen. Porque Cristina se lo impuso a Daniel Scioli como compañero de fórmula.
 
Las intenciones fueron muy claras. Actuar como una suerte de comisario político, de custodio de la pureza del cristinismo en Buenos Aires. Mariotto fue a ese lugar a vigilar a Scioli y a reemplazarlo en caso de que el gobernador tuviera la osadía de intentar ser presidente en el 2015 como cabeza de un proyecto político más cercano al peronismo tradicional que al cristinismo. Y así fue. Desde el comienzo Mariotto fue pegándole en los tobillos a Scioli. Desde la legislatura y por distintos caminos le fue mostrando los dientes y le puso todo tipo de piedras en el camino. Pero en las últimas semanas el avance Cristina sobre la provincia fue feroz. Implacable. Hay una suerte de intervención federal de Buenos Aires.

La propia presidenta es la que le ordena a Gabriel Mariotto sus ataques destituyentes. Cristina no tuvo empacho en decirle en la cara al gobernador todo lo que pensaba: Le dijo inútil, mal administrador y lo acusó de hacer operaciones con los medios hegemónicos y de poner solamente la cara en lugar de gobernar. Julián Domínguez, el presidente de la cámara de diputados lo criticó por no ser bonaerense pese a que Scioli, fue a ese distrito porque Néstor Kirchner lo obligó diciéndole que era fundamental para el modelo nacional.

Pero Mariotto fue más a fondo todavía. Le dijo a Scioli que era un figuretti, un frívolo que se sacaba fotos con los famosos como si eso no hubiera sido una constante con Perón y con la mismísima Cristina. Lo comparó con Fernando de la Rúa que como todo el mundo sabe fue un presidente que tuvo que huir de la casa rosada en helicóptero, que no supo, no pudo o no quiso gobernar y que dejó un país en llamas y muertos diseminados por las calles. Estremece la comparación. Ninguna figura importante del peronismo salió a repudiar esa premonición que parecía una expresión de deseo o una amenaza. ¿Se imagina lo que le hubiera pasado a Julio Cobos si hubiese comparado a Cristina con Fernando de la Rúa? Los generales mediáticos del amigopolio oficialista lo hubieran fusilado por golpista. Pero en el caso de Mariotto solo generó algunas ironías que le dispararon dirigentes que apoyan a Scioli.
 
Le dijeron que preparaba daikiris en Marbella, que no estuvo durante la dictadura y alguno se atrevió a decir que si Scioli es De la Rúa, Mariotto es Chacho Alvarez y por lo tanto debería renunciar. Vale aclarar que hace apenas 9 meses la fórmula Scioli-Mariotto que llevaba a Cristina como candidata a presidenta sacó en Buenos Aires 4.246.964 votos es decir un 55,07% del padrón. Todos tenían la misma camiseta y todos proponían un segundo gobierno de mayor calidad institucional y mejor situación económica para los más pobres. Ninguna de las dos promesas se cumplió. Hoy Scioli es el enemigo principal del gobierno. Parece que su pecado es que en todas las encuestas aparece como el único capaz de derrotar en las urnas a Cristina y que encima tiene la ventaja de que la Constitución Nacional vigente le prohibe a la presidenta presentarse como candidata.

Cambia, todo cambia. Pero sobre todo cambia el sentido del voto no positivo. El de Cobos fue para frenar un despropósito y eso le costó que lo congelaran hasta el final de su mandato. Esta vez parece que el voto no positivo fue el de los bonaerenses. Apostaron a un gobierno fuerte que siguiera generando mas trabajo y combatiendo la pobreza y resultó un campo de batalla de ambiciones personales y de internas feroces por el poder. Muchos de los votantes sintieron que lo único no positivo fue su voto. Es que se sienten traicionados.