El barrio Pichincha, en la ciudad de Rosario, era un lugar caliente, una zona de burdeles, una “zona roja”. Allí, cerca de la icónica estación de trenes Rosario Norte nació Alberto Orlando Olmedo, el 24 de agosto de 1933.

El barrio era humilde y la familia Olmedo también, y para colmo con una pata menos, ya que Alberto fue criado sólo por su madre Matilde.

A los 14 años tuvo el primer acercamiento a la actuación, participando en obras en el Teatro de la Comedia y convirtiéndose en el jefe de la claque. La claque son los aplaudidores profesionales. Viven con las palmas rojas.

A eso se dedicó Alberto, que también se metió en la Troupe Juvenil asturiana, donde montaba un número con Antonio Ruiz Viñas que derivó en el dúo Toño-Olmedo.

Actuaron en varios espectáculos ya como profesionales hasta que Alberto dio el gran paso. En 1954, a los 21 años, decidió viajar a Buenos Aires para tentar a la suerte.

Entró a trabajar en canal 7 tirando cables y luego como switcher, hasta que en una multitudinaria reunión en un restaurante para celebrar el fin del año 55, se presentó una discusión, se generó tensión en el ambiente y Olmedo tomó el micrófono y empezó un monólogo improvisando sobre cada uno de sus compañeros. Y salvó la fiesta.

Muchos conocían su histrionismo, otros quedaron asombrados. El interventor del canal, Julio Bringuer Ayala, fue uno de ellos. De inmediato lo incluyó en un programa llamado “La troupe de la TV”.

En 1957 le propusieron hacer “Las aventuras de Joe Bazooka” junto a César Bertrand y Humberto Ortiz. El programa duró tres años, pero él siguió trabajando como técnico también.

Y aquí apareció un nombre clave en su vida. Humberto Ortiz será durante una década su inseparable compañero haciendo el papel de Coquito, en uno de los grandes éxitos de la televisión para chicos.

A fines de 1960, Manuel Alba lo llamó para sumarse a Canal 9. Olmedo pensó que lo convocaban como técnico, pero no. Era para encarnar a un personaje que se hizo ídolo de los niños y que se llamó el Capitán Piluso.

Al principio, Piluso sólo era un presentador de los dibujitos animados del Oso Yogui, pero luego fue tomando preponderancia su actuación y la de Coquito (que además escribía los libretos) y se convirtieron en boom.

Era tal la popularidad de Piluso, que en noviembre del 61 llenó el Luna Park para un combate contra Martín Karadagian. Fue la lucha del bueno contra el malo, y ganó Piluso, el bueno.

El programa duró tres años en el 9, pasó un año por el 7 y dos más en Canal 2. Volvió en 1976, en la dictadura, pero ya Piluso no era capitán ni tenía colgada la gomera en el pecho y Coquito no se vestía de marinero.

El gran éxito del programa fue hacer humor para niños, pero tratándolos como adultos, saliendo de la gansada de los diminutivos constantes y los tonos aniñados.

Piluso fue un ícono. Invitaba a tomar la leche a los chicos y fue una revolución.

 "Se comenta que una de las peores cosas que le pueden pasar a los artistas es la de ser y después no ser nada. A mí me sucedió. Fui el Capitán Piluso hasta que el público se cansó. Estuve tres años sin conseguir ni siquiera un bolo en la televisión. En Canal 2 recibía mercadería de canje. Recuerdo que una vez nos mandaron un montón de cajas de vino bueno. No sabíamos qué hacer, pero al final decidimos venderlo: era preferible comer con vino común que tomar vino bueno y no comer absolutamente nada", dijo después.

En 1959 hizo su debut en el cine, en una película llamada “Gringalet”.

Se incorporó al elenco de “Operación Ja Ja”, de los hermanos Sofovich, que lo dirigieron también en el ciclo “Un verano con Olmedo”. Indudablemente su apellido ya había tomado peso en la escena nacional.

En 1970 condujo “El test de las familias” por Canal 9 y el 3 de diciembre de ese año batió un récord por Canal 11 con “Las 36 horas de Olmedo”, programa a beneficio de la Casa Cuna y el Hospital Argerich.

Allí produjo la marca aún imbatida de mayor tiempo de permanencia en cámara.

La génesis de un dúo histórico se produjo en un breve lapso durante 1972 con un programa llamado “Fresco y Batata”, que no duró mucho pero que fue la piedra basal de lo que luego sería un sello argentino: Olmedo-Porcel.

En 1973 se inició el programa “El Chupete”, con libros de Basurto, Juan Carlos Mesa y Coquito Ortiz, entre otros. Allí convivió con Ernesto Bianco, Juan Carlos Calabró, Moria Casán, las hermanas Rojo, Pedro Quartucci.

El 4 de mayo de 1976 ese programa pasó a la historia de una manera tremenda. Tres minutos antes del inicio de la nueva temporada, el locutor Jorge Nicolao anunció que Olmedo había desaparecido y que el programa no podría hacerse.

En verdad, no dijo que murió, pero lo dio a entender. Mientras salían los créditos del programa, apareció el Negro en pantalla y gritó: “¿Acaso no se puede llegar tarde?”.

Él había armado la trama, para sacudir el ambiente y alivianar algunas malas críticas de la temporada anterior. Lo que pretendió ser un golpe de efecto terminó como un chiste mal contado, ya que en el tercer bloque el locutor Nicolao fue obligado a explicar todo en cámara y a pedir perdón.

Y no terminó ahí. Habían usado la palabra desaparecido y eso le causó mucha sensibilidad al gobierno de Videla. Los echaron a todos.

Olmedo no trabajó en TV por casi dos años, lo que lo sumió en una depresión. Volvió en el 78, en Canal 11.

Ya en 1980, apareció el programa “Alberto y Susana”, junto a Susana Giménez. Los libros eran de Hugo Moser, Coquito Ortiz y Víctor Sueiro.

BAJO EL SIGNO DE ARIES

En 1973 se unió a Aries Cinematográfica para protagonizar “Los caballeros de la cama redonda”. Será la primera de las 21 películas que hará junto a Jorge Porcel.

Aunque el cine no haya sido su hábitat natural -tan pegado a un guión, con las alas de la improvisación suprimidas- esas películas se convirtieron en un culto.

Eran de dudosa calidad, algunas hoy no se soportarían por los nuevos parámetros, pero nadie puede decir que nunca vio una de Olmedo y Porcel.

Hicieron un dúo notable, siempre bien acompañados por señoritas contundentes y con poca o sin ropa: las dos más recordadas son Susana Giménez y Moria Casán.

El 19 de junio de 1980 se estrenó la primera peli con el cuarteto estelar: Alberto, el Gordo, Susana y Moria. Se llamó “A los cirujanos se les va la mano”, dirigida por Hugo Sofovich.

Los títulos de las películas lo dicen todo: Los doctores las prefieren desnudas, Hay que romper la rutina, Las turistas quieren guerra, Expertos en pinchazos…

En 1985 se rodó en Mar del Plata el film “Miráme la palomita”. La película empieza con una cámara que muestra desde un automóvil la ciudad feliz. Casi en la toma final, el vehículo dobla en Avenida Colón y toma el Bulevar Peralta Ramos. De fondo, imponente, se observa un gran plano del Maral 39. El edificio de la caída fatídica tres años después.

La última película del flaco y el gordo se llamó “Atracción peculiar” y se estrenó en 1988, 3 días antes del trágico final.

En total fueron 48 las películas en las que participó Olmedo, contando las del inicio de su carrera hasta la del Manosanta está cargado.

EL TEATRO

En 1975 debutó en el teatro de revistas junto a José Pepitito Marrone. Y en 1981 produjo un gran éxito junto a Porcel, Casán y Giménez llamado “La revista de las Superestrellas”.

En el 85, la rompió en Mardel con “El bicho no tuvo la culpa”, de Hugo Sofovich. Y en el 86 trasladó el éxito a Carlos Paz. Era la plenitud de la fiebre Olmedo.

El 18 de diciembre de 1986 estrenó “El Negro no puede”, en el teatro Neptuno de Mar del Plata. Rompió todos los récords. Y en el comienzo del 88, “Éramos tan pobres”.

RUCUCU

El personaje de Rucucu fracturó los moldes. Rucucu era un mago ucraniano que pedía que la gente no cambiara de canal, con una frase que daría nombre a uno de los programas emblemáticos de la historia: No toca botón.

Comenzó presentando teatro en la tele y contando el detrás de escena de lo que allí ocurría. Un Olmedo puro. En 1981 “No toca botón” se llenó de éxito.

El 16 de julio de 1985, Olmedo llevó adelante un desopilante paso de comedia donde se despidió de Rucucu. Se quitó el disfraz, la ropa y la quemó delante de la mirada de Susana Traverso, Enrique Pinti, Luis Brandoni y Juan Carlos Altavista.

Ya se había cansado del personaje, y de la imitación que le hacía constantemente Mario Sapag.

Pero nacerían más personajes y una nueva forma de hacer publicidad: el chivo.

Olmedo fue el precursor. Metía avisos no convencionales para publicitar a algunos lugares de sus amigos. Por ejemplo, cuando lo llamaban, miraba al horizonte y decía: “Sa Voy”.

PERSONAJES

El Manosanta, Rogelio Roldán, El dictador de Costa Pobre, Chiquito Reyes, el empleado Pérez, el pitufo, el psicoanalista con Susana Traverso, Borges con Javier Portales (Álvarez).

Todos inolvidables.

Alberto Olmedo no tenía formación actoral y no podía aprenderse un libreto de memoria. Él no se atenía a un libreto, sí a una idea. Dame una idea y moveré el mundo.

Era un clawn, un payaso. Un genio. Y por sobre todas las cosas, un compañero generoso, siempre atento al bienestar de los suyos.

Con el correr del tiempo, se fue armando un gran conjunto de frases Olmedianas:

Poniendo estaba la gansa.

¿Me trajiste a la nena?

Adianchi, adianchi!

Éramos tan pobres.

Y, si no me tienen fe.

De acáaaa!!

Soy pitufo, pero no bolufo.

Las chicas Olmedo eran Susana Traverso, Adriana Brodsky, Silvia Pérez, Beatriz Salomón, Susana Romero y Divina Gloria.

El último programa de No toca botón, el gran éxito de Hugo Sofovich, se emitió por el 9 el 18 de diciembre de 1987.

SU FAMILIA

Se casó con Judith Jaroslavski en marzo de 1958. Con ella tuvo tres hijos: Fernando (desparecido trágicamente junto al cantante Rodrigo Bueno), Marcelo y Mariano. Se separó en octubre del 64.

En el 67 se casó con Tita Russ, con quien tuvo a Javier y Sabrina.

LA TORMENTA Y EL FINAL

Olmedo estuvo acompañado por un dejo de tristeza. Su crianza sin el padre, sus desniveles, sus vicios y algunas de sus relaciones.

Con Nancy Herrera, madre de Alberto, su último hijo, convivió 8 años. Fue una relación complicada, que terminó de quebrarse con esa tapa de una revista que mostraba a la joven y a Cacho Fontana, hasta ahí inseparable amigo de Olmedo.

Olmedo la pasó verdaderamente mal. Pero hubo reconciliación.

La madrugada del 5 de marzo de 1988 fue el reencuentro. En el departamento de Olmedo, Herrera lo esperó con champagne. Bebieron mucho y el Negro avanzó por otros caminos.

Se subió a la baranda del balcón del piso 11 del Maral 39, jugó en ella y perdió el control. Pidió a los gritos ayuda a Nancy Herrera, quien lo tomó de las manos y no lo pudo sostener.

Cayó al vacío. Eran las 8 de la mañana pasadas. Alberto Orlando Olmedo murió a los 54 años.

Murieron con él Rucucu, el Manosanta, Chiquito Reyes, Rogelio Roldán, Pérez, Borges.  Y un día después, Doña Matilde, la madre de Alberto, cuyo corazón no pudo soportar la noticia.

Y también murió Piluso.

Ya no hay merienda si no hay capitán. Nada nos deja más en soledad, que la alegría si se va, Alberto.