En el noroeste de Polonia, a 60 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, está la ciudad de Bialystok. Allí, el 26 de agosto de 1906 nació Albert Bruce Sabin. En ese momento era territorio del Imperio Ruso.

Albert fue uno de los uno de cuatro hijos de Tillie y Jacob Sabin. La familia emigró a Estados Unidos en 1921, asentándose en Paterson, Nueva Jersey, donde el padre de Albert se dedicó al negocio de la seda. De origen judío, la familia tuvo que huir del antisemitismo.

A los 20, Albert estudió odontología en la Universidad de Nueva York.
Empezó de a poco a interesarse por las enfermedades virales y se puso a investigar.
A los 25 años se recibió de médico, cuando ya tenía ciudadanía estadounidense. Y pronto comenzó a trabajar en la Universidad de Cincinnati.

LA POLIOMIELITIS

En el año 1956 hubo una epidemia de poliomielitis en la República Argentina, que provocó la muerte de 3000 chicos, la mayoría en edad escolar. Los síntomas eran, primero un decaimiento general, fiebre alta. Y en una segunda etapa, con el virus instalado en el cuerpo, la meningitis, la parálisis y la muerte.
Entonces, se aplicó una vacunación masiva en las escuelas y se salvaron muchas vidas.
La vacuna inyectable fue la que un año antes había patentado el médico epidemiólogo Jonás Salk.
Salk había creado una vacuna antipoliomielitis inyectable compuesta por virus inactivos.

Sabin estudiaba el tema en esos tiempos y finalmente completó el trabajo de Salk.
Demostró el crecimiento del virus en los tejidos nerviosos externos del organismo e impuso su tesis (que iba a contramano de lo que se decía) de que el virus no se transmitía únicamente a través del aparato respiratorio, sino que era un mal que atacaba el sistema digestivo y que podía expandirse por vía oral.

Las investigaciones de Sabin sobre este tema culminaron en 1957. 
Llegó a la conclusión de que la vacuna de Salk tenía contraindicaciones y posibles riesgos. Y creó una versión que, en lugar de los virus inactivos, utilizaba cepas de virus vivos pero atenuados. Y por sobre todas las cosas, una forma que dinamizó todo: la vacuna se podía recibir por vía oral. 
Golazo.

En 1962 la vacuna de Sabin comenzó a usarse en todo el mundo. Empezaron las campañas masivas de vacunación.
Y los números así lo marcaron. En 1950, había un caso de polio cada 2.700 habitantes.
Ya en 1970, había un caso cada 10 millones de habitantes.

Albert Sabin, el señor vacuna

La Organización Mundial de la Salud declara que una zona está libre de una enfermedad cuando transcurren tres años sin que se dé ningún caso.
En 1994, consideró a América libre de polio, en el año 2000 lo hizo con la región del Pacífico (37 países, incluyendo China). En junio de 2002 se declaró a Europa zona libre de polio.
Aún quedan algunos países con este problema, pero es tal vez la enfermedad infecciosa que más cerca esté de erradicarse, cosa que ya se logró con la viruela y la peste bovina.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Albert sirvió en el Cuerpo Médico del Ejército de los Estados Unidos, en donde intervino en el desarrollo de una vacuna contra la fiebre del dengue y la exitosa vacunación de 65.000 miembros del personal militar contra la variante japonesa de la polio.

No quedó allí su aporte a la medicina. También desarrolló vacunas contra la encefalitis.
Incluso llegó a investigar el virus del sida en sus inicios. Reflexionó: “La peste del siglo 20 no es el sida, es la pobreza”.

Albert Sabin, lejos de considerarse un genio, era un hombre de costumbres sencillas, de buen trato, afable y con un desarrollado sentido del humor. Y declinó del beneficio económico por su gran descubrimiento.
Increíblemente, nunca ganó el Premio Nobel de Medicina, pero cuando estuvo en la Argentina fue galardonado con la gran cruz Orden de Mayo.
Fue en 1957. Incluso participó de un programa especial de televisión emitido por Teleonce.

Albert y Heloisa
Albert y Heloisa

Albert Sabin tuvo tres esposas: La primera fue Deborah, con la que tuvo a sus hijas Debbie y Amy. Y la última esposa se llamó Heloísa y era brasileña.

A principios del 93 sufrió un infarto y fue hospitalizado en Washington. Murió el 3 de marzo, a los 86 años. 
Dijo el presidente estadounidense Bill Clinton: “Ha muerto uno de los grandes héroes de la medicina norteamericana”.

Mucho más certero fue el Dr. Lampkin: “Hizo más que nadie por los niños del mundo”.