Una fuerte polémica se desató entre la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, y la periodista Silvia Mercado, quien en su último libro, “El Presidente que no quiso ser”, de Editorial Planeta, parece haber afirmado que Alberto Fernández bebe whisky en cantidades poco recomendables.

Frente a eso, Cerruti salió a contradecir a la periodista afirmando que el titular del Poder Ejecutivo “es abstemio y solo bebe tónica de pomelo”. 

Lo primero que debe decirse al respecto, es que la bebida aludida no existe. La marca Paso de los Toros, comercializa tanto agua tónica, como bebidas sabor pomelo, pero no son la misma cosa. De las versiones pomelo, la mas recomedable en algunos casos, es la bajas calorías, convendría resaltar.

Ahora bien, de ser cierta la afirmación de la portavoz, resultaría prudente iniciar estudios científicos a efectos de determinar las consecuencias de la ingesta desproporcionada de dicha bebida. Dada la revelación oficial de que el presidente “solo” consume tal gaseosa, un estudio conductual podría derivar en conclusiones insospechadas.

Aventurando resultados, uno podría a priori suponer, que el abuso del pomelito, eventualmente causaría una abrupta caída de la imagen pública, desde un 80% de positiva hasta menos de un 20% en solo dos años, como le ocurrió a Fernández entre el inicio de la pandemia y el fin de la misma. Cualquiera que se dedique a la política y pretenda llegar a lugares de decisión, debería tener en cuenta este “efecto secundario”.

También, existe la posibilidad de que tal consumo problemático conduzca a argumentar frente al azorado presidente del gobierno español, Pedro Sanchez, que los brasileños vienen de la selva y los mexicanos de los indios, causando el desconcierto del mandatario ibérico.

El anuncio del inicio de la “guerra contra la inflación” en marzo pasado, pudo haber estado influído también por el cruel brebaje, que parece haberse apoderado del presidente. Y retrocediendo un poco en el tiempo, en la época del desconcierto por la pandemia de Covid, la afirmación de que había que “tomar bebidas calientes porque el calor mata al virus”, no puede deberse a otra cosa que a la posesión sufrida por Fernández a manos de este siniestro elixir.

Por otra parte, el señalamiento de los editores de la publicación “Garganta Poderosa”, como si lo fuesen de la película erótica “Garganta Profunda”, podría deberse también a la maléfica influencia de la bebida gaseosa. 

En la misma inteligencia, algunos expertos en complicaciones capilares, empiezan a sospechar que los raros peinados nuevos que suelen acompañar la atribulada imagen presidencial, puedan ser producto también del consumo abusivo de esta evidente porquería, que estaría generando no solamente desviaciones de conducta, sino también, de cabellos.

El pomelito hace de las suyas
El pomelito hace de las suyas

El presidente ha afirmado también que “el agua es de todos”. En ese sentido, puede entenderse que es, también, del propio Fernández. Sería un cambio acertado utilizar su porción del líquido elemento para reemplazar la tónica pomelo que tantas complicaciones ha generado mientras la ANMAT inicia estudios de urgencia sobre el maldito brebaje, para evitar males mayores a la población.

Hagámoslo por nuestros dirigentes y por la patria, que hoy se encuentra presa de pretendidas bebidas inocentes, supuestos refrescos pueriles, que terminan destruyendo la coherencia y porque no, la economía.