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Apocalipsis a plazo fijo

Un predicador evangélico de Estados Unidos vaticina que el Apocalipsis será el 21 de diciembre, fecha prevista inicialmente para 2012

Atención: el fin del mundo no era en 2012, sino en otra fecha que revelan los expertos

Iba a ser el 21 de diciembre de 2012, el último día del decimotercer baktún (ciclo de 144.000 días en la cuenta larga del calendario maya), pero hubo un error de cálculo. En 1582, cuando se introdujo el calendario gregoriano, quedaron 11 días en el aire. ¿Entonces? Recalculando. El Apocalipsis pasó a ser el 21 de junio de 2020, siete años y seis meses después. O 2739 días. Esas cifras, sumadas, dan 21. La fecha clave de junio de 2020, domingo con cara de jueves, transcurrió sin pena ni gloria en medio de la pandemia. Un predicador evangélico de Estados Unidos, Paul Begley, predice ahora que el fin del mundo será el 21 de diciembre de 2020, "cuando Júpiter y Saturno estén a sólo 0,1 grado entre sí y se forme el astro más brillante desde la estrella de Belén”.

Todo se centra en el 21 del mes 12. Cifras especiales, el 21 y el 12, según la numerología. Vivimos en el siglo XXI y estamos en vísperas de 2021. Veintiún gramos pesa el alma, según Duncan MacDougall, médico de Haverhill, Massachussetts, Estados Unidos, nacido en Glasgow, Escocia, que localizó a seis pacientes desahuciados y, con una báscula de precisión, demostró el peso que perdieron al morir. Un bulo, aparentemente, del que se hicieron eco los periódicos Boston Sunday Post y The New York Times en 1907. Veintiuno, también, es la cantidad de gramos del narcomenudeo. Por si fuera poco, 21 viene a ser triple de siete, número cabalístico por los días de la semana, las maravillas del mundo, los pecados capitales, las notas musicales y otras casualidades.

El número siete, según Hipócrates, fundador de la medicina racional y precursor de la ética médica, “tiende a realizar todas las cosas por sus virtudes ocultas, como dispensador de la vida y fuente de todos los cambios, pues incluso la Luna cambia de fase cada siete días”. Un número mágico, suma del tres, ligado a lo sagrado, y el cuatro, ligado a lo terrenal, que está emparentado con el 12. O el 21 al revés. Son 12 los meses del año y fueron 12 los dioses del Olimpo, los apóstoles y las tribus de Israel. En nuestro almanaque, el mundo vive a plazo fijo hasta el 21/12. En el de Estados Unidos, la Federación de Estados de Micronesia, Guam, Filipinas, las islas Marshall y algunas regiones de Canadá, con el mes en primer término, hasta el 12/21. El 21 de diciembre, al derecho o al revés.

El tiempo es caprichoso. Ni tienen 24 horas los días ni siete días las semanas ni 31, 30, 29 o 28 días los meses. Todos acusan defectos de fábrica. Al quinto rey de Roma, Tarquino Priscio, alias El Etrusco, se le ocurrió agrupar los días en meses. Creó un calendario de 355 días. Le puso más días a marzo, abril, quintilis (luego julio) y octubre, menos a los otros meses y condenó a la indigencia a febrero. En 1582, después de muchos retoques, el día siguiente del jueves 4 de octubre pasó a ser el viernes 15 de ese mes por decisión del papa Gregorio XIII. El calendario gregoriano sucedió desde ese momento, con 11 días menos, al juliano.

El 21 de diciembre de 2020, fatídico no sólo por ser lunes para el pastor Begley, profesor de la Universidad Cristiana de Indiana, coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio norte. El 21 de junio, también marcado en rojo apocalíptico, fue el de verano. Un número pavoroso, el 21, para Luis XVI, rey de Francia y Navarra entre 1774 y 1789. Cada 21 del mes que fuese, su astrólogo personal le aconsejaba no hacer nada. Razones tenía. Lo arrestaron tras la Revolución Francesa, el 21 de junio de 1791, mientras intentaba huir de París. La monarquía fue abolida el 21 de septiembre de 1792. Al año siguiente, el 21 de enero, lo ejecutaron en la guillotina.

William James, padre de la psicología científica, publicó en 1887 un artículo titulado El hábito. Explicaba la necesidad de disponer de 21 días para incorporar un hábito a raíz de la plasticidad cerebral. La regla, rebatida por científicos, ha perdurado. El 21 apuntala otras coincidencias. Los 21 días para familiarizarse con un nuevo aspecto o dejar de sentir un miembro fantasma en caso de una amputación, como postuló el cirujano plástico Maxwell Maltz. Los 21 días que estiman algunos economistas para dejar hacer gastos superfluos y habituarse a otro hábito. El del ahorro, inútil después del 21 de diciembre. De cumplirse la profecía. La enésima del Apocalipsis. Lo que faltaba.

Jorge Elías

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Escrito por

Jorge Elías

Conductor y columnista de Radio Continental y de la Televisión Pública Argentina. Dirige el portal de información y análisis internacional El Ínterin. Escribió, entre otros libros, “El poder en el bolsillo, intimidades y manías de los que gobiernan” y “Maten al cartero, posdata del asedio a la prensa durante las dictaduras militares del Cono Sur”. Es miembro del Instituto de Política Internacional de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, de Argentina, y consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Sobre el Blog Cada día hay en el mundo tantos divorcios como bodas. O, acaso, más divorcios que bodas. Algo parecido ocurre en las relaciones internacionales, signadas por amores y desamores tan sólidos como el viento. Paso a contártelos en este espacio.

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