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Mercedes y/o Sandro

Hay ciertos hechos objetivos que disparan algunas preguntas. La relación entre el gobierno de los Kirchner y la muerte de Sandro arrojó una serie de noticias confirmadas y abrió el espacio para hacer algunas especulaciones en voz alta.

Hay ciertos hechos objetivos que disparan algunas preguntas. La relación entre el gobierno de los Kirchner y la muerte de Sandro arrojó una serie de noticias confirmadas y abrió el espacio para hacer algunas especulaciones en voz alta.

Veamos primero la información dura y pura. La presidenta de la Nación dialogó telefónicamente con Olga, la viuda de Sandro. Pero ni Cristina ni Néstor fueron al velorio del ídolo popular. Enviaron al jefe de gabinete Aníbal Fernández en representación del gobierno. Pero no fueron. Eso es incontrastable. Además de Aníbal que insisto, fue como delegado oficial, no fue ningún otro ministro. Esto es rigurosamente cierto. El gobierno no decretó tres días de duelo nacional por el fallecimiento de Sandro como si lo había hecho con la muerte de Mercedes Sosa. En aquella ocasión concurrió casi todo el gabinete y además se demoró el comienzo del segundo tiempo de un partido para que las cámaras del gobierno en canal 7 mostraran al matrimonio compungido al lado del féretro de la querida Negra. El canal oficialista se ocupó del tema de Sandro pero con poco espacio y despliegue y módicas producciones. Solamente dos dirigentes importantes del kirchnerismo hicieron declaraciones al respecto. Daniel Scioli que culturalmente viene de ese palo. Que es amigo de los Pimpinella y de Mirtha Legrand y no de Ignacio Copani o Teresa Parodi, por ejemplo. Y el ministro de Cultura, Jorge Coscia, que suele tener una comprensión mayor de los fenómenos populares que otros funcionarios dogmáticos del gobierno. Llamó la atención el silencio de la inmensa mayoría de los artistas progresistas que simpatizan con el kirchnerismo.

Cada uno es dueño de expresar su dolor o la magnitud de su dolor o no. De eso no hay dudas. Nadie tiene la obligación de manifestar un pésame si no es sentido. Sería hipócrita plantear otra cosa. Pero debo decir con toda honestidad que tantos hechos encadenados me llamaron la atención. Me obligaron a hacerme ciertas preguntas. ¿Qué funcionario decidió que Sandro no merecía aunque sea un día de duelo nacional? ¿ Cúales fueron sus argumentos? Esto es tremendamente subjetivo, por supuesto. Pero sería interesante conocer los fundamentos de una decisión del gobierno.

No quiero comparar a Mercedes Sosa con Sandro. Eso es odioso como toda comparación y más con el horror y el dolor de la muerte tan cercana, tan en carne viva. Yo soy de los que disfruto, admiro y valoro a ambos. Son dos expresiones culturales distintas y las dos fueron importantes para que los argentinos hayamos podido vivir mejor durante estos años. Con el talento de la Negra, con su compromiso por la libertad y los derechos humanos y con ese canto al amor, a las cosas simples y al romanticismo que fue Sandro en sus últimos tiempos. Creo que la vida se construye con ambas maderas. Con la lucha y con el amor. Con la política y con las cuestiones cotidianas. No quiero ni pensar que alguien del gobierno quiso hacer diferencias entre Mercedes y Sandro.

Sería una locura que alguien haya dicho que Sandro era de derecha porque no tenía actividad política. O que alguien haya querido tomar distancias porque Sandro, en su momento, apoyó las declaraciones de mano durísima que hizo Susana Giménez respecto de cómo combatir el delito. No quiero ni pensar que algún funcionario se sienta superior por ser militantes políticos. Yo soy un defensor de la política. Critico la mala praxis de muchos políticos pero la actividad política es la de mayor generosidad que conozco. Es la de aquellos que dan todo a cambio de nada para transformar una sociedad y extirpar las injusticias. Esa es la militancia. Yo fui militante y estoy orgulloso de eso. La falta de militancia es un síntoma grave de la falta participación de una sociedad que fue tan engañada que ve una vaca y llora porque ya se quemó muchas veces con leche. Ese es un problema por ausencia. Pero como siempre, el otro extremo puede ser igualmente problemático.

El exceso. La hipermilitancia, el militantismo, le decíamos en los 70. Aquellos que creen obsesivamente que todo es política e ideología. Que viven en reuniones y en roscas que no les dan tiempo de viajar en colectivo o de convivir con el pueblo al que dicen defender. Ese aislamiento muchas veces conduce al dogmatismo y al error. A creer que los que no se dedican a la política son ciudadanos de segunda. Y esa también es una forma de discriminación.
Escrito por Alfredo Leuco. Periodista. Cordobés, hincha de Boca y Talleres. Ex-Columnista de Bravo.continental. Conductor de "Le doy mi palabra" por canal 26. Tiene tres libros publicados, tres Martin Fierro (Mejor labor periodística en Radio, Televisión y Cable) y ganó un Konex como "mejor analista político de la década".

Sobre el Blog Aquí podrás leer y escuchar las columnas periodísticas que Alfredo Leuco realizó en Bravo.Continental desde febrero de 2009 hasta diciembre de 2013.

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