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El Sandro de cada uno

Todos los argentinos tenemos un Sandro metido adentro de nuestra identidad. A todos nos dice algo. A todos nos despierta los recuerdos. A todos alguna vez nos expresó en nuestros sentimientos mas íntimos. Queremos tanto a Sandro. En mi caso, Sandro tiene dos momentos muy especiales.

Todos los argentinos tenemos un Sandro metido adentro de nuestra identidad. A todos nos dice algo. A todos nos despierta los recuerdos. A todos alguna vez nos expresó en nuestros sentimientos mas íntimos. Queremos tanto a Sandro. En mi caso, Sandro tiene dos momentos muy especiales. Aquel “Sandro y Los de Fuego” que desde los Sábados Circulares de Pipo Mancera hacía bailar a una juventud que empezaba a patear todos los tableros. La sensualidad de aquel muchacho arrabalero de Valentín Alsina que moviendo su pelvis como Elvis llegó a la gloria del Madison Square Garden. El día que mas me conmovió fue cuando lo distinguieron en el Senado de la Nación. Recibió el premio, lo aferró junto a su pecho y gritó: “Mami, viste donde llegó el nene”.

Nos hizo llorar a todos. Se sentía orgulloso de sus orígenes, de su barrio, “siempre voy a ser el hijo de doña Nina y de Don Vicente, el que necesitaba dos meses para ganar lo que a los 17 años yo ganaba en un rato sobre un escenario.” Así se definía. Aquel Sandro fue sembrando romanticismo en toda América y cosechó legiones de admiradores. Se convirtió en pasión de multitudes. Sin escándalos ni chismes. Atrincherado en su casa de Banfield para que le respetaran su intimidad. Todo lo que ganó se lo ganó arriba del escenario. Cantando o actuando en sus películas que ya son de culto. Ese muchacho que empezó a ganarse la vida como changarín y tornero pudo cantar en vida “no quiero que me lloren cuando me vaya a la eternidad. Quiero que me recuerden como a la misma felicidad”.

Pero en su madurez hubo otro Sandro que ratificó y multiplicó en tres generaciones su romance y lealtad con la gente. Ese que se convirtió en un fenómeno social. En un Gardel gitano. Ejerció una suerte de resistencia cultural a los tiempos light que vivimos. Hoy para muchos mercaderes del cerebro vacío el éxito es sinónimo de delgadez y juventud. Y Sandro batió todos los records de público sin ser flaco ni joven. Todo lo contrario. Entrado en kilos y en años no ocultó una cosa ni la otra. Convivió dignamente con eso. Se reía de si mismo. Se tomaba el pelo. Movía su cuerpo para que las nenas deliraran y le tiraran sus bombachas ansiosas y les decía: “Esto que están viendo es un mezcla de ridículo y milagro”. Y era verdad.

Todos somos una mezcla de ridículo y milagro cuando nos despojamos de todas las caretas y los disfraces y nos quedamos desnudos frente al espejo de nuestra propia conciencia. Todos somos tan ridículos como milagrosos. Pero es así la vida cuando se valora lo auténtico y se sabe que no hay plástico ni siliconas que garanticen la juventud eterna. Hoy todo es rapidito, liviano y por arriba. Relaciones humanas fugaces porque no hay tiempo para nada. Intercambios de bajas calorías. Finamente gasificados. Hay una cultura de la raspadita. Del clip, del videogame y del chat. No se lo que quiero pero lo quiero ya. Todo se sobrevuela. Sandro representó todo lo contrario. La profundidad de las cosas. La intensidad que desprecia lo efímero. Sandro fue un estandarte en defensa de las cosas mas profundas de la vida. Tan profundas que muchos presuntos piolas creían que eran grasas, antiguas o cursis.

¿Desde cuando es cursi llorar por el amor de una mujer? ¿Desde cuando es antiguo el juego maravilloso de la seducción? ¿Quién es el marciano que dijo que es grasa susurrarle te quiero a una mujer? Sandro rompe con esa mentira noventista de que es más importante tener y parecer que ser. Es la revalorización de lo simple, de la emoción y la sensibilidad. Ahora se convertirá en mito. O en leyenda. Pero Sandro es un sentimiento.
Escrito por Alfredo Leuco. Periodista. Cordobés, hincha de Boca y Talleres. Ex-Columnista de Bravo.continental. Conductor de "Le doy mi palabra" por canal 26. Tiene tres libros publicados, tres Martin Fierro (Mejor labor periodística en Radio, Televisión y Cable) y ganó un Konex como "mejor analista político de la década".

Sobre el Blog Aquí podrás leer y escuchar las columnas periodísticas que Alfredo Leuco realizó en Bravo.Continental desde febrero de 2009 hasta diciembre de 2013.

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