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Bien Levantado

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Ajedrez político elemental

Apasionante como una gran partida de ajedrez. En la cual el tiempo, la movida todavía escondida de uno u otro contendiente, y la aún no asegurada trama final, alientan deseos, conjeturas, impaciencias y pronósticos.La partida local, además, aparece contextualizada dentro de la otra gran partida global; aunque mantiene para sí algunas particularidades autónomas.

Apasionante como una gran partida de ajedrez. En la cual el tiempo, la movida todavía escondida de uno u otro contendiente, y la aún no asegurada trama final, alientan deseos, conjeturas, impaciencias y pronósticos.La partida local, además, aparece contextualizada dentro de la otra gran partida global; aunque mantiene para sí algunas particularidades autónomas. Esa es la actual situación política de la Argentina. La de una partida de ajedrez en su fase sino crucial, al menos más tensa y caliente. Gobierno y Oposición están enfrentados en esa lógica que es natural al género.

El consenso mayor de la política no es la hipotética y bien intencionada y quimérica coincidencia del blanco y el negro para llevarlos y desvanecerlos en el gris o el neutro, sino la confrontación. Para eso están los colores: para que sepamos ver sus diferencias.En lo que la política consensúa es en confrontar. Igual que en el mecanismo de los negocios cada una de las partes busca de la otra que ceda algún beneficio y si puede, quedarse con todos. Porque empate no hay. Ni en el amor hay empate. En tanto los contrincantes – formalmente y obligadamente pacíficos porque lo establecen las reglas del juego- buscan el jaque, ,la ventaja táctica sobre el otro. El tiempo corre y según los azares financieros y meteorológicos, puede favorecer a uno u a otro. A los dos juntos nunca. Y ese es el entretenimiento. Los ajedrecistas fatigan sus nervios en el filo de la navaja ya que mientras cumplen las reglas deben contener sus ganas de lanzarse sobre el tablero y acabar la partida rápido.Se les exige a los políticos la extenuante tarea de generar simpatías al mismo tiempo que producen antipatías. Triunfa el que consigue que estas sean menos que las otras.Deben sonreírle a sus adherentes y a la vez dejar de sonreíy cambiar de cara antes sus oponentes para no lucir débiles.

No hay que criticarlos si parecen actores porque también lo somos los votantes , aunque más amateurs. Todos somos ajedrecistas, seamos expertos o chambones, en distintos niveles de participación.Cuanto más lejos y menos atentos al tablero se está las pasiones se ajenizan. Pero igual está uno involucrado aunque no lo quiera. Cada vez más los Medios forman parte del juego con la camiseta preferida puesta y no solo participan sino que apuestan. El que no sabe esto no sabe nada. Y si se sabe leer –y se sabe- debajo de las excitaciones y pugnas, este juego es fantástico. Como juego. El tablero- la Argentina- tiene siempre el mismo diseño; los jugadores también son los mismos. Lo que cambian son las posiciones de las piezas en el tablero; y quién mueve las blancas y quién las negras; y cuántos que antes estaban con las negras ahora están con las blancas, y nadie se considera infiel por eso. Porque la política es naturalmente promiscua como la vida. Permite divorcios, unión homosexual, adulterios, cambios de pareja, bigamia etc. 2009 nació con vértigo hacia atrás, pro los humanos reaccionan para que el vértigo vuelva a empujar hacia delante. Los humanos son optimistas recalcitrantes porque saben que tienen que morir pero lo ignoran. Nada es para tanto. Ni el Oficialismo ni la Oposición. Ni el precio del perejil o de las ostras en la góndola. No es la política, idiotas. Y menos la economía. Lo único abismal para cada uno es la muerte.

Escrito por Orlando Barone es escritor y periodista. Trabaja en el diario La Nación y en la revista Debate, así como en La Mañana de Continental. Fue el gestor del mítico libro de diálogos entre Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato, y publicó recientemente “Imperdonables”, una compilación de notas publicadas en diversos medios, entre ellos Continental.
Sobre el Blog Con su Carta Abierta, Orlando Barone abandona las formalidades del lenguaje periodístico y mira la realidad desde otro lugar, con el tono más apasionado de un ciudadano y el más elaborado de un escritor.

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