La madre agarró a sus dos hijos y salió de su casa a medida que ésta se inundaba, con la esperanza de huir de la supertormenta Sandy. Pero Glenda Moore y su camioneta deportiva no tenían posibilidades ante el histórico meteoro. La Ford Explorer de Moore se atascó en medio de la creciente marea y las aguas le arrebataron a Brandon, de 2 años, y a Connor, de 4, cuando intentaban escapar.

Los cadáveres de los pequeños fueron recuperados en una ciénaga el jueves en el más reciente golpe a Staten Island, un aislado distrito neoyorquino muy afectado por el fenómeno meteorológico. Sin embargo, dicen vecinos, en gran medida ha sido olvidado por las autoridades federales que evalúan los daños de la monstruosa tormenta, la cual provocó la muerte de al menos 87 personas.

"Terrible, absolutamente terrible", dijo el jefe policial Raymond Kelly al anunciar que los cuerpos de los niños habían sido hallados en el tercer día de una búsqueda en la que participaron buzos de la policía y sabuesos. ``Simplemente resume todos los aspectos trágicos de este espantoso evento''.

La policía narró los infructuosos esfuerzos de Glenda Moore por salvar a sus hijos. Kelly dijo que la madre, de 39 años, "se alteró totalmente" después de que no pudo asistir a los niños poco después de las 18 del lunes último. Invadida por el pánico, traspuso cercas y fue de puerta en puerta buscando ayuda, en vano, en un vecindario que presumiblemente se encontraba abandonado en gran medida ante la tormenta que llegaba. Finalmente se dio por vencida y pasó la noche intentando guarecerse de la tormenta en la terraza delantera de una casa vacía.

El desgarrador descubrimiento se hizo en momentos en que los habitantes y las autoridades se quejan de que la ayuda ha llegado con mucha lentitud a Staten Island, donde 19 personas perdieron la vida, casi la mitad de los muertos por la tormenta en toda la ciudad de Nueva York.

La basura se acumula, un hedor flota en el aire y en las calles yacen colchones y sofás cubiertos de barro seco. Los residentes revisan los restos de sus viviendas en busca de cosas que aún sirvan.

"Tenemos cientos de personas en albergues'', dijo James Molinaro, presidente del distrito. "Muchas de ellas, cuando los albergues cierren, no tienen a dónde ir porque sus casas están destruidas. No son personas sin hogar. Ahora sí son personas sin hogar". Molinaro se quejó de que a la Cruz Roja estadounidense "no se la puede encontrar por ningún lado", y algunos habitantes cuestionaron lo que llamaron la falta de respuesta de las agencias gubernamentales de apoyo en caso de desastres.