La pandemia del Coronavirus no solo afectó la salud de la población. También ha hecho estragos en las relaciones de pareja, una situación que le ha dado mucho trabajo a los abogados especializados en divorcios, los terapeutas de pareja e incluso los asesores en materia de deudas.

Está claro, históricamente los divorcios representan un sube y baja de emociones.  Mucho más aún cuando la pelea por los bienes tiene cifras millonarias. Ese fue el caso de Joana al separse de su ex marido Carlos.

"Dijo que nunca les faltaría nada, que dejaría a su hijo y a ella en una buena situación. Hizo un trato para que ella se quedara con un piso valorado en 5 millones de reales y 30 millones de reales en inversiones (un estimado total de más de US$7 millones)", explica Anderson Albuquerque, abogado de Joana.

Sin saber exactamente cuál era el patrimonio inmobiliario de su marido -y por tanto de la pareja-, pues estaban casados bajo sociedad conyugal, Joana aceptó el acuerdo.

Sin embargo, la sorpresa llegó cuando vio dos salidas a bolsa de la empresa de Carlos y su nombre en la lista de multimillonarios de Brasil. Ahí se dio cuenta de que la habían engañado. Fue entonces cuando buscó al abogado Albuquerque y descubrió que el valor total de la fortuna era en realidad de miles de millones de reales.

"En las grandes separaciones, con valores superiores a los 10 millones de reales (casi US$2 millones), los procesos de divorcio dejan de ser derecho de familia y se convierten en una cuestión de fraude financiero y derecho fiscal", dice Albuquerque, quien se especializó en derecho fiscal y empresarial antes de empezar a coordinar el departamento de derecho de familia de su bufete.

En el caso de Joana, Carlos simplemente había omitido el valor de los bienes en el momento de la separación. "No presentó su participación en varias empresas", explica Albuquerque.

El mes pasado, Joana obtuvo una decisión judicial que garantizaba su derecho a tener acceso a todos los documentos contables de la empresa de los últimos 18 años. Así, con el valor exacto de los bienes en manos de Joana, las dos partes pueden tratar de llegar a un nuevo acuerdo, según dijo el juez del caso.

"A menudo, como en este caso, las consecuencias de ese ocultamiento van más allá de la familia. El fraude del marido con su mujer puede generar efectos para la empresa en su conjunto", advierte el abogado de Joana.

A diferencia de la gran mayoría de los despachos de derecho de familia, Albuquerque sólo acepta casos de esposas e hijas, nunca de maridos.

"Aquí sólo abogamos por las mujeres. Eso ayuda a mantener la coherencia, porque si apoyas algo para una parte (la de la esposa) en un caso y luego argumentas lo contrario atendiendo a otro caso (el del marido), falseas tu propia argumentación", sostiene el abogado.

Según Albuquerque, en la mayoría de los grandes casos de divorcio que él atiende, la principal estrategia de los maridos para ocultar los bienes es simplemente no presentar los documentos a las esposas y a sus abogados.

"Muchas mujeres, aunque tengan una vida de lujo, no conocen detalles de la vida económica de su familia, no saben o no pueden demostrar sus gastos de manutención y no conocen sus derechos", dice al añadir que muchos fraudes pasan desapercibidos para los abogados de familia que no entienden tan bien la parte financiera.

Además, muchos maridos mantienen el control de sus mujeres en las relaciones abusivas y ellas tienen miedo incluso de acudir a un abogado para entender cuáles son sus derechos.

El abogado explica que aunque la omisión de datos es la principal estrategia, no es la única. Hay casos en los que incluso se recurre a la falsificación de documentos y hasta a la violencia física.

Eso es lo que ocurrió en el divorcio de Ligia y Juan, una pareja de empresarios del sur de Brasil que se separaron este año.

Ambos se conocieron en 2009. Poco después, iniciaron un negocio que con los años ha crecido hasta convertirse en un gran grupo empresarial.

Estuvieron casados durante 12 años y tuvieron una hija. Cuando Juan quiso separarse, el patrimonio de la pareja estaba valorado en unos 500 millones de reales (más de US$96 millones), cuenta Albuquerque.

Y aunque en este caso, Ligia conocía sus derechos fue tomada por sorpresa por un intento de estafa de parte de su marido.

Hay casos en los que los maridos vacían sus bienes para que sus esposas no tengan acceso a las cantidades a las que tienen derecho.

Cuando se divorciaron, ambos llegaron a un acuerdo de reparto de bienes en el que ella se quedaría con la suma de 1 millón de reales (US$192.163), pero Rodrigo nunca le transfirió la cantidad a su ex mujer.

Clara pasó años intentando conseguir el pago, pero tuvo dificultades porque Rodrigo había vaciado completamente su patrimonio impidiendo que los tribunales le expropiasen sus bienes.

Incluso antes de separarse, en 2007, él vendió su participación en grandes empresas de cambio de divisas a un banco. El valor de la negociación divulgada fue de unos US$40 millones (con el tipo de cambio de agosto de 2007).

Según el tribunal, la cantidad que él le debe a Clara hoy es de 30 millones de reales (US$5,7 millones), resultado del monto del acuerdo que no fue pagado con intereses y corrección monetaria, más la pensión alimenticia que debe a las hijas de la pareja.