La despedida de Paulo Dybala de la Juventus entre llantos hace sólo unos meses fue conmovedora. El atacante surgido de Instituto finalizó su contrato con el conjunto de Turín y por diferencias económicas y una relación tirante con el nuevo CEO del club decidió no renovar su vínculo. En principio, todo parecía encaminado para que recale en el Inter, pero, finalmente, jugará en la Roma, equipo que dirige José Mourinho.

La Joya era una opción muy interesante para el Neroazzurro, uno de los equipos más poderosos de la devaluada liga italiana. En principio, todo parecía acordado para un rápido traspaso. Sin embargo, el regreso del belga Romelu Lukaku, la superpoblación de delanteros y algunas dificultades económicas del club, que dificultaban la chance de hacerle frente a un sueldo importante como el del ex Palermo dilataron la operación en exceso. 

Inter nunca dejó de quererlo y él nunca terminó de descartar la posibilidad de jugar allí, por lo que significaba deportivamente y porque era la única oferta que se adecuada exactamente a lo que él pretendía cobrar. Sin embargo, los tiempos se hicieron lentos, las pretemporadas se pusieron en marcha y hubo que tomar un decisión.

Incluso, desde el cuerpo técnico de la Selección Argentina comenzaron a inquietarse, no porque les preocupara donde iba a recalar, pero sí porque a tan poco de Qatar 2022, la inactividad puede ser un dolor de cabeza.

Varios factores hicieron que el atacante de 28 años se decantara por el equipo de la Lupa. Futbolísticamente, será el líder indiscutible del ataque. Eso, entre otras cosas, fue lo que le explicó Mourinho, quien hizo todo lo posible para convencerlo y siguió al detalle la negociación. Además, Francesco Totti, el máximo ídolo histórico del equipo, también le envió mensajes a Dybala para empujar su decisión, según informó el diario Corriere dello Sport.

Por otra parte, pese a que no percibirá un sueldo tan alto como tenía pensado, sí tendrá una puerta abierta para una salida sencilla. Tendrá una clausula de recisión muy baja para lo que se estila en el Viejo Continente, de sólo 20 millones de euros. De tal modo, conseguirá ritmo de cara a la cita máxima y si no está conforme con lo que haga el equipo, podrá emigrar rápidamente el año que viene.