Con el pelo cubierto por un pañuelo con los colores de la bandera catarí, Al-Malki partía por la calle tres, pero su competición duró escasamente diez metros.

La deportista asiática sintió un pinchazo en la parte posterior del muslo derecho y tuvo que detenerse. Desconsolada, quedó sentada en la pista mientras sus rivales se jugaban la clasificación hasta que la ayudaron a retirarse unos asistentes.

Para la catarí, de 17 años, representar a su país era una cuestión de orgullo y su objetivo era mejorar su marca personal y que su nación se sintiera orgullosa de ella.