Se presentó hace pocos días con mucho glamour el Gran Premio de Las Vegas de F1, que se disputará a finales de 2023 por primera vez. Hubo pilotos, hologramas, fuegos artificiales y todo lo que se puede esperar de una ciudad noctámbula como Las Vegas de cara a un premio que se correrá de noche y ¡un sábado!

En este contexto, y pese a las entradas carísimas, se agotó enseguida la primera tanda de entradas. Las más baratas, por quinientos euros, no otorgan ni derecho a sentarse; para obtener tal privilegio habrá que gatillar más de dos mil quinientos euros.

Todavía quedan disponibles las que dan acceso a Hospitality, por unos diez mil dólares. A su vez, un VIP en el Caerars Palace más las entradas se puede conseguir por premios de ocho mil a once mil seiscientos dólares. 

Mientras tanto, se viene este fin de semana el GP de Brasil, con la última siesta al Sprint de este año (el año que viene habrá seis, y en las últimas horas Max Verstappen, con su habitual sinceridad a flor de piel, los consideró innecesarios, aburridos e ininteligibles). Quedan para definir los dos subcampeonatos (Pilotos entre Checo y Leclerc, y Constructores entre Ferrari y Mercedes), pero sobre todo la carrera que más sorpresas depara históricamente, en promedio, de la F1, sea por cuestiones climáticas o por vicisitudes de la carrera.