Más allá de la exquisitez de la maniobra, hay que valorar el contexto en el que un gol es convertido para analizar su real peso. Había muchos bellos goles nominados al premio Puskas, el que entrega la FIFA al mejor del año, pero pocos en los que confluyeron un gesto técnico magnifico, un recurso sumamente estético y un contexto realmente pesado.

Erik Lamela ganó el premio Puskas por su gol convertido al inicio de la temporada, cuando todavía jugaba para el Tottenham, en el clásico londinense frente Arsenal. De rabona, entre las piernas de un rival y contra un palo, una verdadera delicia. Mirá el gol:

El golazo de Lamela que ganó el premio al mejor del año.