En un año electoral, todo vale. Hasta jactarse de haber conseguido, desde enero de 2017, “más que casi cualquier otro gobierno en la historia de Estados Unidos". Un exceso de egolatría propio de un mitin de campaña o del discurso anual del Estado de la Unión frente a ambas cámaras del Congreso, no de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) frente a jefes de Estado y de gobierno de 193 países. Donald Trump se permitió elogiarse a sí mismo mientras embestía contra la globalización y el multilateralismo, acentuando su discurso nacionalista y proteccionista, y descargaba munición pesada contra Irán, por patrocinar el terrorismo, y contra China, por distorsionar el mercado.