Cumplimos un año de pandemia y Zoom fue una de las aplicaciones de videollamadas más utilizadas para contactarnos con amigos, familiares o participar de reuniones de trabajo.

Una investigación llevada a cabo por la Universidad de Stanford analizó este nuevo fenómeno que llegó con su uso excesivo.

Demasiado contacto visual

El principal motivo para justificar la 'fatiga de Zoom' son las miradas directas. Las personas hemos desarrollado toda una batería de contramedidas para evitar sentirnos incómodos o incomodar a los demás con nuestras miradas, pero las videollamadas se las saltan todas.

Para resolver esto, recomiendan no utilizar la opción de pantalla completa y reducir el tamaño de la ventana de la aplicación en relación con el monitor para minimizar el tamaño de la cara de los oradores y espectadores.

Movilidad reducida

La conducta social que se ha impuesto para las videollamadas es que, por regla general, se debe mantener la cara centrada en la pantalla, a una distancia que permita al resto de intervinientes verla en primer plano. Esto deja un campo de movimiento muy reducido.

El agotamiento de verse uno mismo en pantalla (todo el tiempo)

En las videollamadas hay un recuadro donde el usuario ve su propio rostro durante toda la conversación lo cual es poco natural. Es como si en la vida real alguien te siguiera con un espejo para que veas tu reflejo de manera constante, comparan los investigadores. 

Por @pablitolivsit