Por Alfredo Belasio*

Si de supervivencia de pymes gastronómicas se trata, nos preguntamos cómo hubiera enfrentado Rambo la supervivencia de un restaurant con semejante presión fiscal. 

Pasemos a enumerar: IVA, Ingresos Brutos, ART, seguros de vida, Seguridad social, cuota sindical, retenciones, percepciones, comisiones de tarjetas de crédito y de débito, mercado pago, aplicaciones de delivery, servicio de posnet, alquiler, ABL, luz, gas, Agua, cuenta de banco, Impuesto al Cheque – ese que era por única vez -, autónomos de presidente, sueldos, abonos del sistema de facturación, Contador y si te queda algo, el 30 % de Ganancias.

En nuestro país hay 42 impuestos nacionales, 41 impuestos provinciales y 83 tasas municipales, es decir 166 tributos sobre cualquier actividad o posesión.

La presión impositiva se define como la parte del PBI (Producto Bruto Interno) que entra a las arcas fiscales a través de los impuestos.

El PBI es el valor total de los bienes y servicios finales producidos por un país, durante un tiempo definido. 

La presión fiscal exagerada para superar urgencias de caja, genera otro problema mayor, que es la economía en negro, que en nuestro país supera el 30%.

Otro dato no menor es que como lo informa la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) la mitad de la recaudación proviene de los impuestos indirectos como el IVA. Este impuesto es regresivo porque se cobra a todos por igual, afectando particularmente a los sectores de menores recursos. Es decir, que se genera un problema de desigualdad distributiva, al que se suma al “impuesto inflacionario” que padecemos y que no nos permite tener una moneda nacional como valor.

La carga impositiva representa casi la mitad del precio de la mayoría del precio de los bienes y servicios, porque quienes los producen los trasladan al consumidor.  

Para explicarme mejor, podemos comparar nuestro sistema con el de los países fundadores de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos), como EEUU, Inglaterra, Alemania, Francia, Canadá, Italia y España, donde la mayor parte de la recaudación proviene de los impuestos directos, que se les cobran a personas y empresas de manera progresiva, es decir que tributa más quien más tiene.

El esfuerzo fiscal se debe medir teniendo en cuenta la situación del ciudadano promedio para pagar impuestos, considerando la renta per cápita del país. No puede recibir el mismo tratamiento un asalariado promedio alemán que gana cuatro mil trescientos euros, que le permiten acceder a un standard de vida digno, que un trabajador argentino, con magros ingresos.

Otro punto que debemos tener en cuenta que las pymes argentinas, que siempre han sido generadoras de empleo, están complicadas por un sistema de reglamentaciones complejas y cambiantes, que obligan a los Contadores a estar en vigilia frente a la pantalla de la PC siguiendo los aplicativos del sistema informático.

Creemos que una vez que pasen las elecciones, habrá que pensar en elaborar una Reforma Tributaria, que más allá de las urgencias recaudatorias, haga prevalecer una concepción productivista siguiendo las pautas de: estabilidad, claridad, simplificación normativa y del sistema operativo, para tener un horizonte previsible para los inversores. De lo contrario en lugar de agrandar el sombrero, seguiremos achicando la cabeza. 

Como dijo un filósofo español, no se puede hacer capitalismo sin capital y socialismo sin disciplina.

* El autor es Abogado Tributarista. Autor de "Multas y Clausuras. Ley Penal Tributaria Comentada" Ediciones Universidad. "Nuevo Regimen Penal Tributario. Ley 27430" Ediciones Buyatti.