La Unión Cívica Radical enfrentaba un desafió de alta tensión política: debía elegir presidente en medio de una batalla interna entre los sectores mas tradicional, liderados por Gerardo Morales y Mario Negri, por un lado; y los "renovadores", con Martín Lousteau a la cabeza.

Muchos auguraban gritos, peleas, y hasta botellazos, después de que el grupo del economista rompió el bloque en diputados y especialmente, luego del encuentro entre Lousteau y Morales que terminó a los gritos, casi a las trompadas y con un vaso roto. Pero nada de esto pasó.

Hubo un fino trabajo conciliatorio del presidente saliente, el mendociono Alfredo Cornejo y hay que decir que fue un éxito. Finalmente apalancado en la cantidad de convenciales que apoyaban su candidatura, Morales fue electo presidente del centanario partido, acompañado incluso por el propio Lousteau y los suyos.

A cambio se decidió que los renovadores designarán al vice (podría ser el propio Louestau o alguien que el designe), y se le cedieron a su espacio otros cargos en la conducción. No quiere decir que haya amor, pero hay un armisticio que sirvió para que el partido vuelva a un esquema de negociación.

Hay quienes dicen que repartiendo el modelo de equivalencia de cargos, el bloque en diputados podría volver a integrarse en un solo bloque UCR, del que el grupo de Lousteau se quede con la Secretaría Parlamentaria.