De los mismos guionistas de “La Inseguridad es una Sensación”, llega ahora a todas las salas, su segunda parte: “La inflación autoconstruída”, una saga que explica que nuestros mas dramáticos problemas, en realidad no existen, sino que están diseñados por nuestra macrabra y depresiva mente, son parte de la entreverada psicología del ser argentino y no de sus inútiles gobernantes.

Esta depresión que nos genera la insólita idea de que todo esta mal, es el peor padecimiento de nuestra sociedad y se expande dentro del territorio nacional a la misma velocidad que un virus zombie de película distópica. En lugar de arrastrar nuestros putrefactos cuerpos por las calles, buscando comernos algún ser vivo, creemos que la mitad de nosotros está bajo la línea de pobreza incluso teniendo trabajo formal, atribulados, vemos cada vez mas conciudadanos viviendo en la calle y alimentándose de la basura, y suponemos que el azúcar vale el 170% más que hace un año.

Nuestros gobernantes nos lo advierten, como lo haría un psiquiatra desesperado por el continuo desmejoramiento de su fabulador paciente, pero nuestro padecimiento mental es tan profundo que no alcanzamos a entender lo que nos dicen, porque estamos muy atareados creyendo que el sueldo no nos alcanza para llegar a fin de mes.

Lo mas grave, es que esta enfermedad va de mal en peor. Cuando revisamos las encuestas de opinión, encontramos entre nuestras preocupaciones infundadas, que tememos que nos maten por la calle para robarnos un celular, o que el lugar donde trabajamos ya no pueda pagarnos ni siquiera el mísero salario que percibimos, o la corrupción, que por cierto, es una realidad solo en nuestra mente febril, tan concreta como el chupacabras o el basilisco.

¿Cual es la cura? ¿Cual es la salida a este padecimiento incesante y totalmente injustificado? Si poseemos todos los climas, estamos condenados al éxito, y los estadistas que guían nuestros destinos son luminarias bienintencionadas que solo piensan en nuestro futuro y consumen tónica pomelo.

Debemos sentarnos a reflexionar. Mirar dentro de nosotros y reconocer que nuestra realidad no es la de esta inflación autoconstruída, sino que habitamos un vergel de oportunidades, un parque de maravillas y abundancia, el que nos merecemos, el que nos han brindado estos hombres de frondoso bigote que nos aconsejan y cuidan.