La asesora presidencial Cecilia Nicolini estuvo en el centro de la tormenta hace unos días, cuando se difundió un correo suyo a los directivos de laboratorio estatal ruso Sputnik, donde los intimaba a cumplir con los contratos firmados, en cuanto a la entrega de la segunda dosis de dicho producto, y les hacía saber que de lo contrario se acordaría con laboratorios norteamericanos.

De allí se desprendieron muchas críticas e incluso, se concluyó que la motivación para el acuerdo con Sputnik era meramente geopolítica. Y tal vez así fue. Pero la advertencia de Nicolini se cumplió.

Pocas horas después se anunció el acuerdo con Moderna (norteamericano) y esta mañana, el gobierno hizo saber el acuerdo suscripto ayer con el laboratorio Pfizer para la provisión de nada menos que 20 millones de vacunas, suficiente para inmunizar a casi un cuarto de la población del país.

Si las motivaciones iniciales fueron externas a la temática de salud, quedará en el terreno de las suposiciones, pero aunque así haya sido, el gobierno, ante el incumplimiento, resolvió a favor de salud, dejó de lado la presunta conveniencia política, modificó la norma (por DNU es cierto, debió hacerlo en el Congreso), y adquirió las tan reclamadas vacunas Pfizer.

Nicolini intimó y la administración cumplió, seguramente después de lo que se hubiese querido, pero también es cierto que nadie puede prever un incumplimiento contractual de semejantes proporciones en un tema de salud pública mundial como este.