Los gobiernos enfrentan decisiones imposibles en pandemia. Carlos Maltus dice que gobernar implica elegir entre dos problemas, y gobernar bien, elegir el problema menos grave sobre el mas grave. Pero en esta coyuntura, eso casi nunca ocurre. Todos van a tientas, a la deriva y la gente los castiga con el voto.

En Chile, en Brasil, en Perú, en Ecuador, en Colombia, los oficialismos están en problemas. Donald Trump perdió en Estados Unidos, unas elecciones que tenía ganadas, con una rienda en cada mano y al trotecito, en febrero 2020. El PSOE gobernante en España, sufrió una paliza de antología en las elecciones de Madrid.

En Argentina hay dos oficialismos en crisis, el que gobierna el Estado Nacional y el que gobierna el Estado porteño y son curiosamente, de las dos fuerzas políticas de mayor peso electoral y opuestas entre sí.

Y ambos, parecen en camino de pagar los costos de sus decisiones. En el caso del gobierno de Alberto Fernández, el eterno confinamiento de 2020 y el nuevo de estos días (y quien sabe hasta cuando), fundieron miles de comerciantes y produjeron un desgaste moral en la población que hace complejo pensar en una victoria electoral, cuando, aunque hayan postergado todo un mes, el momento de sufragar es casi mañana.

No se llegará con suficientes vacunas, ni inmunización, ni reactivación económica, ni adecuada asistencia estatal, ni nada.

Pero su principal contendiente, quien aspiraba a liderar la oposición, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, no llega mejor. Pese a que actuó la "resistencia heroica" con la presentación ante la Corte Suprema, terminó aceptando todos los cierres, incluso el de los colegios, pocas semanas después. Y tuvo que soportar incluso el "vieron que tenía razón", de Fernández.

Los electores de Juntos por el Cambio no están felices con Larreta, le exigen mayor carácter y desafío al gobierno nacional, quieren que se respeten sus libertades y por otro lado, cuestionan hasta la lógica de las medidas tomadas.

De cara a las elecciones de septiembre, todos son costos altísimos, que ambos pagarán. La oposición tiene un único recurso hábil para evitar quedar dentro de la misma bolsa: proponer un candidato confrontativo que tome distancia del jefe de gobierno. Porque entre dos "confinadores" el kirchnerismo es al menos, mas auténtico.

Solamente un candidato desafiante y rupturista, puede "salvar las papas" de una oposición tan desconcertada como el oficialismo.

Este último, sólo puede apelar a su núcleo duro, el voto cristinista sólido, que es fuerte, que avala sin cuestionar lo que la jefa indique, y que por otro lado, ronda nada menos que el 35% de los votos. Si ese fuese el porcentaje a nivel país, sería suficiente para seguir dominando ambas Cámaras del Congreso, incluso perdiendo la elección.

Pero sin duda, ambos tienen sobre su cabeza, la urna de Damocles.