No fue una exhibición ni un paseo ni mucho menos. Es cierto, viendo a Brasil, la calidad individual se huele, se percibe, son tantos los antecedentes de cada uno de los futbolistas que se está atento a cada gesto que puede terminar en un acto de brillantez y claro en un gol.

Pero esta vez hubo poco de eso. Brasil le ganó a Perú 1 a 0, con cierta ayuda arbitral al no sancionar un penal en el primer, como debe ser con la verdeamarelha jugando de local y de emergencia: puso sus estadios cuando nadie más quería la Copa.

Los primeros minutos fue un soltero contra casados. Los dos imprecisos, los dos errando pases simples, ambos cuidándose y estudiándose. Después si se lanzó Brasil al ataque, fue más, no una exhibición esta dicho, pero más.

Sin embargo, en pleno dominio de Brasil a los 23, el volante peruano disparó de lejos, innecesariamente Thiago Silva abrió su brazo dentro del área, expandió claramente su cuerpo y desvió el balón. El árbitro Tobar por supuesto no lo vio. El VAR obviamente, tampoco. 

El partido siguió su curso hasta que el arma secreta de Brasil, Lucas Paquetá puso el primero a los 35 minutos. No Neymar, ni Richarlison ni las enormes estrellas de los equipos de primera línea, mundia, otra vez, Paquetá, como en los cuartos.

El segundo tiempo tal vez haya estado de más. Pero Brasil ya está en la final, como el cuadro, la historia, el nivel de jugadores y los compromisos comerciales y políticos lo indicaban.