Aquel equipo fue la síntesis perfecta de un campeón. Tenía un líder extraordinario e indiscutido, el mejor jugador de todos los tiempos, D10S en su mas opulento estado de gracia. Pero no era ni por casualidad, lo único.

Tenía un organizador, un estratega, un obsesivo del trabajo, un Carlos Salvador Bilardo único. Gozaba además de la compañía perfecta para ese genio en su esplendor. Pequeños genieciellos que lo acompañaban.

El "Negro" Enrique, Jorge Burruchaga, en el banco, Ricardo Bochini y el "Bichi" Borghi. Obreros del esfuerzo y la dedicación, los que se "fajaban" con quien hiciese falta: el "Cabezón" Ruggieri, el "Tata" Brown, el "Vasco "Olarticoechea". 

Estaba también el "fino" Valdano, un centrodelantero letal y de alta gama: titular del Real Madrid. Que terminó jugando una final, resignando su lucimiento por orden del estratega. Fue stopper de un defensor: Hans Briegel, al que Bilardo había visto lanzado en ataque y entendió que había que tomarlo.

Nuestro centrodelantero, el del Real Madrid, resignó su lucimiento en la final por persegir a un defensor contrario, todo en función del equipo. Y aun así, hizo el segundo gol.

Y tuvo coraje. Porque cuando en esa final, Alemania levantó un 0-2 y empató el partido, todo parecía que se terminaba. Y cuando Argentina sacó del medio, Enrique salió del círculo central gambeteando alemanes y Diego sacó su zurda y puso un pase profundo para que Burru, se mande un corrida fenomenal y ya muy cerca del arquero, mas de lo recomendable, selle la gloria que era merecida.

Grupo, esfuerzo, líder, estratega, la síntesis que no pudimos volver a lograr.