El mercado textil argentino enfrenta serios desafíos ante el aumento de importaciones, que ya suponen el 70% del abastecimiento total. El sector local denuncia "competencia fraudulenta" y exige condiciones comerciales justas, en un entorno donde la actividad se reduce y la capacidad instalada se mantiene subutilizada.
Las políticas comerciales implementadas facilitaron la entrada de productos extranjeros, pero no mejoraron las condiciones económicas para la industria nacional. Según la Fundación Pro Tejer, la rápida apertura comercial y la desregulación han perjudicado el escenario productivo interno, agravado por la apreciación del tipo de cambio y una demora en medidas para aliviar la carga tributaria.
Las importaciones han caído un 20% en volumen y un 5% en valor interanual, concentrándose esta disminución en las etapas iniciales de la cadena productiva. Las materias primas, hilados y tejidos han registrado bajas significativas, reflejando una menor actividad local y un exceso de oferta.
A pesar de esta caída, las importaciones de bienes terminados continúan elevándose, alcanzando niveles históricos. La ropa muestra un incremento del 62% en toneladas y un 36% en dólares, mientras que las confecciones para el hogar también han aumentado. La Federación de Industrias Textiles Argentinas destaca además una reducción de 26.851 empleos y la pérdida de establecimientos empresariales en los últimos años.