Un nuevo lago de origen glaciar se desbordó en la frontera entre Nepal y China, lo que forzó la suspensión inmediata de las tareas de rescate por el riesgo de un desastre mayor. Las autoridades de ambos países confirmaron la pausa operativa ante la amenaza de que más de dos millones de metros cúbicos de agua desencadenen una avalancha desde varios miles de metros de altura.
La emergencia se originó el viernes cuando el embalse, formado por un desprendimiento de tierra, comenzó a liberar su caudal sobre zonas ya devastadas por una crecida repentina dos días antes. Testigos en el distrito nepalí de Rasuwa describieron a residentes ascendiendo por las laderas para huir de una posible inundación fluvial, mientras los equipos chinos se replegaban a áreas seguras a la espera de nuevas instrucciones.
El balance provisional del alud del miércoles asciende a 538 víctimas mortales en Nepal, con más de mil personas aún por localizar entre el país y la región del Tíbet. Entre los desaparecidos figuran al menos 540 extranjeros, mientras la riada arrasó pueblos, carreteras, puentes y centrales eléctricas a lo largo de la ruta que conecta Katmandú con Lhasa, muy transitada por excursionistas y peregrinos.
China había desplegado el jueves un equipo de ingenieros para realizar reconocimientos aéreos y modelar en 3D el lago de represa, cuyo volumen pasó de 1,5–2 millones de metros cúbicos a más de 2,5 millones en apenas 24 horas. Nepal, por su parte, ordenó una pausa de 90 minutos en las operaciones de rescate, mientras evalúa junto a Beijing cómo gestionar el riesgo de nuevas inundaciones en las comunidades río abajo.
