La actividad del aeropuerto de Catania seguirá paralizada hasta al menos las 2 de la madrugada del viernes, hora local, a causa de las erupciones del monte Etna. La medida afecta tanto a las llegadas como a las salidas y prolonga una interrupción que comenzó tras la última actividad del volcán, considerado el más activo de Europa.
Desde el 7 de agosto, alrededor de 700 vuelos fueron cancelados o desviados, con un impacto estimado en más de 100.000 pasajeros. Las operaciones se trasladaron parcialmente a los aeropuertos de Palermo, Trapani y Comiso, aunque Catania concentra el mayor volumen de tráfico aéreo de Sicilia y su cierre alteró los desplazamientos hacia uno de los principales destinos turísticos del verano.
La crisis obligó a algunos viajeros a pasar la noche en las terminales. Otros recurrieron a autobuses y trenes para continuar sus trayectos, mientras la disponibilidad limitada de automóviles de alquiler provocó un fuerte aumento de los precios. Las primeras estimaciones de Assoesercenti calculan que cuatro días de interrupciones podrían comprometer entre 13 y 24 millones de euros en gasto turístico.
Salvo Politino, presidente de la organización, reclamó la creación de un organismo permanente de planificación que coordine la respuesta de los aeropuertos, las aerolíneas y las empresas vinculadas al transporte. “No podemos detener el Etna, pero podemos prepararnos”, afirmó. A su juicio, una mejor coordinación permitiría evitar que cada erupción se transforme en una emergencia económica y afecte la imagen de Sicilia.

