La inversión sumó en junio su octava caída interanual seguida y acumuló un descenso de 7,6% en el primer semestre frente al mismo período de 2025, de acuerdo con la estimación de Orlando Ferreres & Asociados. El índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM) se ubicó 6,2% por debajo del nivel de hace un año y retrocedió 0,4% en la comparación mensual, lo que mantiene al indicador en una trayectoria de “serrucho”, con rebotes y nuevas bajas. En ese marco, la inversión en equipos durables de producción mostró los peores resultados, con caídas de 9,5% en los bienes nacionales y de 12,7% en los importados, mientras que la construcción fue la única excepción, con una leve mejora de 0,4% interanual.
Ferreres describió un panorama de inversión “en niveles muy bajos”, sin señales claras de recuperación, aunque con algunos rubros puntuales en mejor situación, como la construcción y los patentamientos de vehículos comerciales pesados. La serie desestacionalizada de la consultora indicó que el registro de junio fue el tercero más bajo desde octubre de 2024, sólo por encima de abril de este año y de noviembre pasado. Hacia adelante, el informe prevé que la contracción continúe perdiendo intensidad, pero no pronostica un rebote sostenido y advierte que el posible impacto del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (RIGI) depende de cronogramas flexibles y sujetos a discrecionalidad.
Los datos oficiales van en la misma dirección: la inversión cayó 11% interanual en el primer trimestre de 2026 y sumó su cuarto retroceso consecutivo en términos desestacionalizados, mientras que su peso en el PBI se ubicó en 14,3%, un mínimo histórico y muy por debajo del 25% considerado necesario para un crecimiento robusto. Diversos estudios subrayan que, contra el discurso oficial que ubica a la inversión como motor central de la actividad, el impulso actual del PBI proviene sobre todo de las exportaciones y del consumo privado, este último condicionado por cómo mide el INDEC esa variable más que por una mejora generalizada de las condiciones de vida.
Organizaciones como Fundar y la red Misión Productiva atribuyen la dinámica contractiva de la inversión a la debilidad de la demanda y de los salarios, la paralización de la obra pública, el mal desempeño de la construcción privada, la ausencia de crédito y políticas de acompañamiento, y la incertidumbre sobre la sostenibilidad del esquema económico vigente. Con estos factores, la inversión per cápita quedó 21,8% por debajo del récord de 2018 y cada vez menos empresas apuestan a la compra de maquinaria, un comportamiento que para los analistas compromete el horizonte de crecimiento sostenido.
En este contexto, el RIGI aparece como una respuesta a un problema real —el bajo nivel de inversión que mostraba el país hacia 2023—, pero es cuestionado por sus beneficios considerados excesivos para sectores como minería y energía, que ya venían realizando grandes proyectos, y por la falta de una estrategia que favorezca encadenamientos con el resto del entramado productivo. Emiliano Libman, investigador de Fundar y del CEDES, sostiene que los sectores concentrados en los proyectos del régimen representan una porción reducida de la inversión total y difícilmente puedan arrastrar al conjunto: el programa podría ayudar a frenar la caída, pero no a generar un repunte significativo en el corto plazo.
