De acuerdo con el coeficiente de Alcance de Pedido Promedio de la Fundación Encuentro, en marzo de 2026 un repartidor necesitó 453 pedidos para cubrir la Canasta Básica Total de un hogar de cuatro integrantes. El cálculo se hizo sobre una remuneración media de $3.165,20 por entrega, sin incluir propinas. Aunque la cifra general apenas cambió respecto de diciembre, el cuadro de fondo se deterioró: la canasta individual total subió de 140 a 147 pedidos, la alimentaria de 63 a 67, y el costo de crianza de un niño pasó de 170 a 175.
La estabilidad relativa del índice respondió, sobre todo, al ajuste registrado en PedidosYa, que llevó su promedio de $3.659 a $3.924 en marzo y empujó el valor general de $3.033 a $3.165. Rappi, en cambio, mantuvo congelado desde octubre de 2025 el monto informado por viaje, por lo que la inflación deterioró su poder adquisitivo. La serie iniciada en julio de 2025 confirma esa dinámica: el indicador arrancó en 450 pedidos, llegó a 461 en septiembre y cerró marzo en 453.
El trabajo en aplicaciones de delivery se consolidó como una fuente de ingresos para miles de personas, pero la posibilidad de sostenerse únicamente con esa actividad exige cada vez más entregas. A ese cuadro se suman los costos de combustible, mantenimiento y telefonía que absorbe cada repartidor, en un mercado atravesado por diferencias marcadas entre plataformas en el pago por pedido.
La discusión, además, excede lo económico. Mientras la Justicia revisa el encuadre laboral de quienes reparten, el avance de la informalidad y las dificultades para acceder a empleos registrados empujan a más trabajadores hacia una actividad de ingresos variables y con escasa protección.
