La ola de calor que asoló Francia en las últimas semanas causó 5.764 muertes entre el 17 de junio y el 2 de julio, de acuerdo con las autoridades sanitarias. El impacto fue especialmente alto entre el 25 y el 27 de junio, cuando se concentró más de la mitad de esos fallecimientos, en un contexto de temperaturas que llegaron a 42 grados.
La agencia de salud pública indicó que ese exceso de mortalidad alcanzó una tasa del 36% y que dos tercios de las víctimas tenían 75 años o más. También precisó que las muertes correspondieron a causas diversas y que todavía no se estableció un vínculo directo con el calor en cada caso.
Al mismo tiempo, el sur de Europa sigue bajo un nuevo episodio de calor extremo y Francia enfrenta incendios de gran magnitud. Uno de los focos más graves avanza en la Gironda y obligó a ampliar las evacuaciones, mientras otro siniestro en Bordeaux dejó dos bomberos muertos.
Las autoridades atribuyen la situación a una combinación de temperaturas excepcionales y fragilidad estructural frente al calor, en un país con baja disponibilidad de aire acondicionado y alta demanda de equipos portátiles de refrigeración. En paralelo, los incendios mantienen en alerta a amplias zonas del territorio y agravan una emergencia ya marcada por la mortalidad récord.


