La sucesión de terremotos que sacude Venezuela dejó, según reportes oficiales, al menos 164 muertos y más de 27.000 personas desaparecidas. Los sismos principales, de magnitud 7,2 y 7,5, provocaron unos 30 temblores posteriores y obligaron a declarar la ciudad de La Guaira zona de desastre y una emergencia nacional. Las autoridades esperan la llegada de equipos de rescate y ayuda humanitaria desde varios países; entre los contingentes anunciados figuran equipos especializados y cascos blancos argentinos.
Los rescatistas trabajan contrarreloj para localizar a personas atrapadas entre los escombros de edificios colapsados. Un inmueble de 22 pisos en Altamira, Caracas, quedó totalmente destruido y figura entre los puntos donde la búsqueda es más urgente. Los equipos enfrentan además daños en la red vial y cortes de servicios que dificultan el acceso a las zonas más afectadas.
La comunidad internacional respondió con envíos y financiamiento. Estados Unidos y la Unión Europea enviaron asistencia técnica y logística; el Fondo Monetario Internacional anunció una asignación de US$200 millones para atender necesidades inmediatas. El gobierno venezolano coordina la recepción y distribución de la ayuda mientras mantiene restricciones para garantizar seguridad en las áreas impactadas.
La líder opositora llamó a la población y a la comunidad internacional a estar atentos a las necesidades de los damnificados y recordó que la situación es crítica. Las autoridades insisten en que cada hora es determinante para rescatar sobrevivientes y en la importancia de canalizar recursos hacia la atención médica, el abrigo y la reconstrucción de infraestructuras dañadas.


