Las denuncias por ruidos, olores y problemas de higiene se multiplicaron en edificios porteños y con ellas crecieron las intervenciones del 911, las fiscalías y los administradores. En muchos casos los reclamos comienzan por conflictos en espacios comunes, pero al investigar aparecen situaciones más complejas: consumos problemáticos, adultos mayores en vulnerabilidad y cuadros vinculados a la salud mental.
Según Nora Cattaneo, a cargo de la Dirección de Mediación, Conciliación y Arbitraje de la Defensoría del Pueblo de la ciudad, las consultas llegan como problemas de convivencia y solo luego se identifica la complejidad subyacente. Ese hallazgo hace que los expedientes requieran respuestas interdisciplinarias y medidas que vayan más allá de sanciones por molestias.
Entre los episodios que más alteran la convivencia figuran gritos nocturnos, amenazas, acumulación de basura y conductas agresivas. Las autoridades y los administradores coinciden en que abordar estos casos implica coordinar asistencia social, salud y mediación para evitar la escalada del conflicto y proteger a los vecinos más vulnerables.