Fate completó la desvinculación de sus últimos empleados resistentes al cierre de la fábrica. La empresa envió telegramas de despido e indemnizó al grupo restante en conflicto. Contaba con 920 trabajadores cuando finalizó la producción. Casi 800 aceptaron acuerdos voluntarios de salida, y el resto recibió notificaciones en la etapa final.
La historia industrial de Fate, fundada en el siglo pasado, concluyó con este paso definitivo. La fábrica se posicionó durante décadas como referente en el conurbano bonaerense. El proceso incluyó ocupación de planta, audiencias oficiales y expedientes judiciales. Una disputa política amplificó el conflicto más allá de la compañía.
El cierre reflejó una crisis estructural en el sector. La pérdida de competitividad, los costos internos elevados, los cambios tecnológicos y la transformación del mercado global del neumático precipitaron la decisión. Ejecutivos destacaron que los precios de neumáticos chinos resultaban inalcanzables por las pérdidas acumuladas. El gobierno de Javier Milei evitó intervenciones, barreras comerciales o subsidios estatales.
Los neumáticos importados, sobre todo de China, rompieron el equilibrio del negocio local. Su volumen, financiamiento y productividad superaron la estructura pesada de Fate, agravada por litigios laborales y distorsiones macroeconómicas. El Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (SUTNA) complicó la situación con paros prolongados.


