La arzobispa Sarah Mullally, líder suprema de la Iglesia anglicana y primera mujer en ese rol para 97 millones de fieles, inició este lunes una peregrinación de cuatro días en Roma con una audiencia del Papa León XIV. Ambos se reunieron a solas en el Palacio Apostólico vaticano y luego ofrecieron discursos. León XIV la animó a seguir impulsando la unidad cristiana, porque un mundo en sufrimiento precisa con urgencia la paz de Cristo. Él insistió en que los cristianos deben servir como mensajeros de paz, pues Jesús rechazó la violencia con desarme total.
León XIV recordó palabras del Papa Francisco: las divisiones entre cristianos escandalizan al impedir la misión compartida de revelar a Cristo. Él sumó que resulta igualmente escandaloso no esforzarse por resolver diferencias, por difíciles que luzcan. Desde los años 60 existe diálogo teológico entre católicos y anglicanos, pero sobreviven tensiones clave, como la ordenación femenina anglicana frente a la exclusividad masculina católica. Mullally declaró que hoy urge vivir y anunciar el Evangelio con frescura, para contrarrestar la violencia, las fracturas sociales y los cambios acelerados con un mensaje de esperanza.
El Papa señaló que esas divisiones cristianas merman la efectividad para entregar la paz de Cristo a un mundo dolido. Por ello, propuso mantener la oración y remover barreras que frenen la difusión del Evangelio. Si bien temas históricos divisivos no han cedido, emergen retos nuevos que entorpecen la ruta a la plena comunión. Mullally invocó al bien común mediante puentes, no muros, porque Dios prioriza a los pobres y la resurrección de Cristo derrota la muerte.
En la biblioteca papal tuvieron el encuentro inicial, para luego rezar en común en la capilla de Urbano VIII. Mullally visitó basílicas mayores, oró ante las tumbas de san Pedro y san Pablo, y dialogó con autoridades vaticanas. Coincide con el 60 aniversario de la declaración ecuménica pionera de 1965, suscrita por Pablo VI y Michael Ramsey.



