La decisión comercial anunciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el tablero global y abre un nuevo foco de tensión para países exportadores como la Argentina. En un mensaje difundido en redes sociales, el mandatario comunicó que aplicará un arancel del 25% a cualquier país que mantenga negocios con Irán, una medida que rige “con vigencia inmediata” y que forma parte de su estrategia para endurecer el comercio internacional.
El anuncio se inscribe en una agenda orientada a profundizar un proceso de desglobalización, con herramientas arancelarias como mecanismo de presión. “Cualquier país que realice negocios con la República Islámica de Irán pagará un arancel del 25% sobre todos los negocios que realice con EE.UU.”, expresó Trump, enfatizando que se trata de una orden “definitiva y concluyente”.
En el caso argentino, el impacto potencial no es menor. Según datos oficiales disponibles, en los primeros once meses de 2025 el intercambio comercial con Irán ascendió a 324 millones de dólares, con un saldo ampliamente favorable para la Argentina, cercano a 314 millones de dólares. Esa relación comercial se sostiene mayormente por exportaciones argentinas, lo que vuelve delicado cualquier escenario que implique restricciones indirectas.
En paralelo, el comercio bilateral con Estados Unidos muestra números considerablemente mayores: 13.384 millones de dólares entre enero y noviembre de 2025, y un superávit argentino de 1.099 millones de dólares. Esa diferencia explica por qué, desde una lógica estrictamente económica, Washington aparece como el socio más relevante. Sin embargo, analistas advierten que para un país con déficit crónico de divisas, perder mercados —aunque sean secundarios— puede traducirse en un golpe directo al ingreso de dólares.
La preocupación se amplifica por un dato clave para el agroindustrial argentino: Irán fue el noveno destino de exportación de la harina de soja argentina en el período enero-noviembre de 2025. Se trata del principal producto exportado del país, tanto por volumen como por generación de divisas, por lo que cualquier interferencia en su colocación internacional genera alarma en el complejo sojero.
En este contexto, el anuncio de Trump también reaviva recuerdos recientes sobre la presión comercial de EE.UU. en terceros mercados. El mayor comprador de harina de soja argentina es Vietnam, país que el año pasado debió asumir compromisos de incremento de compras de productos agrícolas estadounidenses —como maíz, poroto y harina de soja— para evitar represalias. Con la nueva ofensiva contra Irán, crece la incertidumbre sobre cómo se reordenarán los flujos comerciales globales y qué costos colaterales deberán asumir los exportadores.



