Desde su hallazgo en julio, el cometa 3I/ATLAS ha captado la atención de la comunidad científica debido a sus peculiares características. Entre ellas destacan una velocidad inusualmente alta (motivada por su gran antigüedad) y una órbita hiperbólica que sugiere su origen fuera del sistema solar. Además, su tamaño supera al de los otros cuerpos interestelares conocidos hasta ahora, como ‘Oumuamua o 2I/Borisov, lo que lo convierte en un objeto de gran interés para investigadores.
Nuevas observaciones han reforzado la teoría de que este objeto es un cometa. Recientemente, se detectaron dos señales en el espectro radioastronómico, un comportamiento asociado a cuerpos helados que liberan vapor y gas al aproximarse a una estrella. Estas señales, registradas por el radiotelescopio MeerKAT en Sudáfrica, correspondían a frecuencias de 1665 y 1667 megahercios, lo que indica la presencia de moléculas de hidroxilo (OH). Este compuesto derivado de la descomposición de los hielos por la luz solar sugiere que el cometa contiene o expulsa agua.
En radioastronomía, las frecuencias donde se identifican tales señales actúan como marcas químicas que revelan la composición de los objetos celestes. Según los datos obtenidos, el 3I/ATLAS presenta muchas similitudes con los cometas clásicos observados en nuestro sistema solar, como el Halley o el Borisov. Además, se confirmó que este objeto interestelar se desplaza a una velocidad de 15,6 kilómetros por segundo en dirección a la Tierra, aunque no supone ningún riesgo debido a su trayectoria distante.
El acercamiento máximo del cometa está previsto para el 19 de diciembre de 2025, cuando se ubicará a unos 270 millones de kilómetros del planeta. Este momento será crucial para ampliar nuestro conocimiento sobre su naturaleza y confirmar definitivamente su origen. Hasta entonces, las agencias espaciales como la NASA y la ESA seguirán monitoreando al 3I/ATLAS con gran interés, mientras continúa siendo objeto de estudio intensivo por parte de los astrónomos.