Este viernes, la cancelación masiva de vuelos en Estados Unidos impactó a 40 aeropuertos, según una orden emitida por la Administración Federal de Aviación (FAA) en el contexto del cierre gubernamental. Este "shutdown", que ya alcanza los 38 días y es el más prolongado de la historia, afecta directamente a unos 13.000 controladores aéreos y 50.000 agentes de seguridad aeroportuaria, quienes, siendo empleados federales, se ven obligados a trabajar sin recibir salario.
La medida ha provocado la cancelación de al menos 851 vuelos en las principales terminales estadounidenses, distribuidas en dos docenas de estados, y genera retrasos en otros 1.686 vuelos. Según datos publicados por El País, más de 100.000 pasajeros han visto sus planes alterados. Sumado a esto, aeropuertos clave, como los de Atlanta, Dallas, Denver, Los Ángeles y Charlotte en Carolina del Norte, también se encuentran afectados por estas disposiciones.
Aunque el transporte aéreo internacional no se verá alterado, según lo aclarado por el secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy, los vuelos nacionales enfrentan una reducción del 10% en el tráfico aéreo como medida preventiva. Desde el aeropuerto Ronald Reagan de Washington, Duffy destacó la necesidad de tomar medidas tempranas para evitar consecuencias mayores en la seguridad aérea y apuntó que este tipo de decisiones son inéditas en sus 35 años de carrera en el sector.
Adicionalmente, datos de FlightAware reflejan que miles de vuelos en Estados Unidos vienen experimentando grandes retrasos diariamente: más de 4.000 el martes, casi 5.000 el lunes, y para este viernes se tiene registro de al menos 815 cancelaciones de vuelos programados. Entre las aerolíneas afectadas, Delta Air Lines comunicó la suspensión de alrededor de 170 trayectos para ese día, mientras que American Airlines prevé la cancelación de 220 vuelos diarios al menos hasta el inicio de la próxima semana.