En la madrugada del viernes, Rusia ejecutó uno de los ataques más significativos desde el inicio de la guerra, dirigido a instalaciones estratégicas de gas natural en Ucrania gestionadas por Naftogaz, el grupo estatal. Según la fuerza aérea ucraniana, el ataque involucró el lanzamiento de 381 drones y 35 misiles, incluyendo varios balísticos, en lo que fue descrito como un intento de Moscú por desmantelar la red eléctrica antes del invierno para aumentar la presión sobre la población. Este conflicto bélico, que ya entra en su cuarto año, muestra un recrudecimiento con acciones dirigidas a infraestructuras civiles fundamentales.
Serhii Koretskyi, director ejecutivo de Naftogaz, calificó el ataque como un acto terrorista contra instalaciones clave para la extracción y procesamiento de gas, esenciales para el bienestar de los ciudadanos. Según Koretskyi, las regiones de Járkov y Poltava fueron las más afectadas, con daños críticos en varias infraestructuras. Mientras tanto, el Ministerio de Defensa ruso informó que "todos los objetivos designados fueron alcanzados" en el ataque masivo sobre Ucrania, con énfasis en instalaciones energéticas.
El gobierno ucraniano acusó a Rusia de utilizar el invierno como arma contra la población civil, privándola de servicios esenciales como calefacción, luz y agua. Yulia Svyrydenko, primera ministra ucraniana, señaló que estos ataques buscan aterrorizar a la población y dificultar la temporada de calefacción. En Poltava, el impacto en áreas residenciales dejó tres personas heridas, entre ellas un niño de ocho años, mientras que explosiones en la zona dañaron severamente edificios históricos, como la iglesia de San Nicolás.
Por su parte, Ucrania ha respondido atacando infraestructuras energéticas dentro del territorio ruso mediante drones de producción nacional. Según Andriy Kovalenko, jefe del Centro para Contrarrestar la Desinformación del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa, operaciones recientes incluyeron ataques contra la refinería de Orsk y la planta química Azot. Estos incidentes interrumpieron momentáneamente actividades en instalaciones clave ubicadas a más de 1.400 y 1.500 kilómetros al este de Ucrania, respectivamente.

