Un equipo de investigadores ha logrado reconstruir el genoma de la bacteria Yersinia pestis, responsable de la plaga de Justiniano, considerada la primera pandemia de peste bubónica de la historia. Utilizando muestras extraídas de los dientes de dos víctimas, los científicos descubrieron que esta cepa era completamente independiente de la que causó la peste negra 800 años después, según los resultados publicados en la revista *The Lancet Infectious Diseases*. Así, se confirma que el brote de la plaga de Justiniano no guarda relación con posteriores manifestaciones de la enfermedad.
La plaga se originó alrededor del año 541 y se extendió durante dos siglos por Asia, el norte de África y Europa, dejando entre 50 y 100 millones de muertes a su paso y marcando un antes y un después en la historia del continente. Afectó principalmente los territorios del Imperio romano, y coincidió con el colapso del Imperio romano de Occidente y la transición hacia la era medieval.
La pandemia no sólo afectó el ya plurisecularmente decadente Occidente europeo, sino también el hasta allí riquísimo hinterland de Constantinopla, en aquel entonces la región más urbanizada y rica del mundo. En contraste, los cambios climáticos (causados por la caída de un volcán a mediados de la década del 530, que dejó a gran parte del planeta sin luz solar adecuada durante un par de años, debilitando a la población europea) generaron un clima más húmedo en la península arábiga, dando sustento al salto poblacional que propició la expansión del Islam en la segunda mitad del primer milenio.
Los restos analizados provienen de un cementerio en Aschheim, Alemania, y pertenecen a individuos fallecidos durante las últimas fases de la epidemia, aproximadamente entre los años 541 y 543. Gracias al análisis genético de fragmentos de ADN recuperados, los investigadores reconstruyeron el genoma completo de Yersinia pestis y lo compararon con más de cien variantes registradas en bases de datos. Encontraron que esta primera cepa había surgido en China pero no estaba vinculada a los otros brotes históricos, como la peste negra (1347-1351) o la tercera pandemia registrada a partir de 1855. Este avance ofrece una nueva perspectiva para comprender por qué las variantes antiguas fueron tan letales, según explicó Hendrik Poinar, del equipo de investigación.
Los científicos todavía enfrentan preguntas sobre cómo una enfermedad tan devastadora terminó desapareciendo por completo. Edward Holmes, de la Universidad de Sídney, sugirió que las poblaciones pudieron haber evolucionado hasta ser menos vulnerables al patógeno. Dave Wagner, otro miembro del equipo de investigación, planteó que los cambios climáticos habrían afectado la supervivencia de la bacteria en su entorno natural.
Aunque Yersinia pestis continúa ocasionando miles de muertes anuales en ciertas regiones del mundo, los avances médicos actuales, como los antibióticos, disminuyen significativamente el riesgo de una nueva pandemia a gran escala. Sin embargo, Wagner advierte que un fenómeno como el ocurrido con la plaga de Justiniano podría repetirse en algún momento, recordándonos la importancia de estar preparados para posibles amenazas emergentes.
