Los homínidos comenzaron a comer herbáceas mucho antes de estar anatómicamente preparados, y fue clave evolutivamente

Un estudio publicado en la revista Science esclarece cómo este comportamiento innovador fue clave. Además, el estudio ofrece evidencia fósil sobre el papel de la conducta como una fuerza impulsora en la evolución.
1 de Agosto de 2025 16:36hs
Los homínidos comenzaron a comer herbáceas mucho antes de estar anatómicamente preparados, y fue clave evolutivamente
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Un estudio publicado en la revista Science revela que los homínidos comenzaron a consumir plantas herbáceas mucho antes de que su dentadura estuviera adaptada para ello, marcando la existencia de un impulso conductual previo a las adaptaciones físicas necesarias. Investigadores del Dartmouth College explican cómo este comportamiento innovador fue clave para la supervivencia de los primeros humanos, ofreciendo evidencia fósil sobre el papel de las conductas como fuerza impulsora en la evolución.

A medida que las primeras poblaciones humanas se desplazaron desde los densos bosques africanos hacia las extensas praderas, buscaron fuentes de energía inmediata, desarrollando un gusto por hierbas y cereales ricos en almidón. El análisis isotópico realizado en dientes fosilizados muestra que este cambio alimentario ocurrió antes de que los molares evolucionaran para facilitar la masticación de fibras vegetales resistentes, un proceso evolutivo que tardó más de 700.000 años en ponerse al día.

Los hallazgos destacan la capacidad de los primeros homínidos para adaptarse incluso frente a limitaciones físicas. Según Luke Fannin, investigador postdoctoral en Dartmouth, esta flexibilidad comportamental fue decisiva para su éxito evolutivo. El estudio sugiere que el comportamiento no solo acompañó la evolución morfológica, sino que la impulsó directamente, influenciando las trayectorias alimentarias y biológicas de estos ancestros.

Usando análisis de isótopos químicos, el equipo superó el desafío de estudiar comportamientos que no dejan evidencia física directa. Según Nathaniel Dominy, coautor del estudio, estas huellas isotópicas verifican un retraso significativo entre la incorporación de alimentos herbáceos y las adaptaciones dentales necesarias para procesarlos, revelando una interacción compleja entre dieta y evolución.

La investigación rastreó el consumo de gramíneas hace millones de años en varias especies, incluyendo Australopithecus afarensis y dos extintos primates similares a los babuinos y colobinos. Aunque todas abandonaron una dieta basada en frutas e insectos por gramíneas resistentes entre 3,4 y 4,8 millones de años atrás, los homínidos eventualmente diversificaron su alimentación hacia órganos subterráneos ricos en energía.

Los investigadores proponen que esta transición hacia alimentos como bulbos y cormos tuvo profundas implicaciones evolutivas. Estos recursos eran abundantes, fáciles de recolectar con herramientas primitivas y proporcionaban nutrientes esenciales para el desarrollo cerebral. Además, su disponibilidad durante todo el año facilitó la supervivencia y expansión poblacional.

Finalmente, el análisis mostró que los molares de los homínidos se alargaron con el tiempo, compensando gradualmente las exigencias de una dieta cada vez más fibrosa. Este cambio físico subraya cómo las conductas innovadoras allanaron el camino para adaptaciones biológicas críticas, reforzando el papel central del comportamiento como motor evolutivo.

 

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